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Simon tiene algo que decirme

simon-y-jesusEl otro día en una clase de un grupo de estudio, hicieron un ejercicio de meditación de la escritura, donde se elige un párrafo, un evangelio o algún extracto y se medita sobre él.
(sobre este tipo de ejercicios hay mucha información en internet, muy interesante método de contemplación. “Lectio Divina”)

 

El evangelio era el siguiente:

36 Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.37 Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. 38 Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. 39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!» 40 Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». «Di, Maestro!, respondió él. 41 «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. 42 Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos amará más?». 43 Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien». 44 Y volviéndose hacia la mujer, dijo de Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. 45 Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. 46 Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. 47 Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor».
48 Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». 49 Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?». 50 Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Reflexiones

Al principio leí el texto y pensé las cosas más evidentes. Luego comenzamos a profundizar en cada persona, en el entorno, en cómo sería si uno estuviese en ese contexto, si por ejemplo yo fuera Simón, qué pensaría, cómo sería, o si fuese esa mujer…

Me llevó a pensar varias cosas, pero hay un par que me gustaría compartir acá.

En primer lugar se me ocurre poner a Simón como un símbolo, una figura del pueblo judío. Quien, esperando la llegada del Mesías, se prepara, hace la cena, pone la  mesa, seguramente limpia la casa, todo lo que uno hace cuando va a recibir una visita.

Y eso provocó al menos dos cosas que nos pasó como pueblo: (por supuesto a nivel genérico; siempre hay personas que toman caminos diferentes, sorprendentes, y admirables)

1-Al estar  tan preocupados por la preparación, por que quede todo bien, por que esté todo “limpio” para la llegada de esta visita, del Mesías,  nos perdimos de vista la preparación más profunda, no tanto de forma exterior como interior, y eso hizo que perdamos de vista lo esencial.

2-Por otro lado, al estar esperando la llegada del Mesías por  tomó muchos años, nos conduzco  a que nos hiciésemos una idea de cómo Éste debía ser, y de cómo iba a ser. Nos creamos nuestras propias expectativas, y a la vez un “wishfull  thinking”, un pensamiento con deseo por decirlo de algún modo, sobre lo que nosotros queríamos que ese Mesías fuera y represente.

Y tal como le ocurrió a Simón, nos pasó a nosotros como pueblo: el Mesías vino y nos descolocó. Nos sacó de lo que teníamos pensado y pretendíamos que sea.

Cómo, hoy en día, nos sigue afectando esta forma de ser

Muchas veces al estar esperando algo, nos hacemos una imagen sobre cómo debe ser ese acontecimiento, o imaginamos y tratamos de moldear nuestras vidas, y sin darnos cuenta estos hechos imaginativos nos parecen que ya son realidades, o que así deben serlo. La realidad debe adaptarse a ese molde que pensamos previamente. Por supuesto, la mayoría de las veces, nos desencaja de ese recuadro que armamos.

Asimismo, al estar tratando de planear, de moldear las cosas constantemente, no dejamos entrar a Dios y que obre Él, porque tratamos de acomodar esa realidad según nuestros objetivos y planes, ya que pensamos que esa es la mejor forma de hacerlo.

A mí personalmente, me cuesta confiar en Dios en este aspecto. Si bien durante toda mi vida no hizo más que probarme que los caminos inesperados fueron las cosas más hermosas que me pasaron en la vida, y no sólo en momentos en sí mismos sino en las consecuencias excepcionales que trajo para mi vida.

Sin embargo, me cuesta entregarme y dejar de ser mi propia modeladora. Yo también actúo como Simón, esperando que Dios llegue a mi vida, entre a mi vida, pero de la forma en que yo lo tengo pensado, en la forma que yo quiero que sea, no en la manera que Él tiene pensado hacerlo.

Y como le pasó a Simón y seguramente nos pasa a muchos, Dios nos termina desencajando y sorprendiendo con su espectacular personalidad y su picardía si sabemos reconocerla. Y si bien muchas veces nos desconcierta para bien, hay momentos que no lo es tan agradable (en el corto plazo ya que estoy segura que a la larga vamos a entender la “película completa”. )

Sé que uno de mis desafíos en este crecimiento de fe es dejarme moldear, porque  no hay mejor Diseñador que Él para conducir mi vida.

 

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