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	<title>fiestas judías archivos - Judia &amp; Catolica</title>
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	<description>Mi Camino Personal y Reflexiones sobre ser Judia y Católica, al mismo tiempo. E intentando hacer Visible algo de lo Invisible</description>
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	<title>fiestas judías archivos - Judia &amp; Catolica</title>
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		<title>Si Jesús no vino a abolir la Ley y los Profetas, ¿deben los cristianos practicar el judaísmo?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 21:13:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fiestas judias en su plenitud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Como judía y católica, muchas veces me preguntan: si Jesús dijo: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mateo 5,17), ¿por qué los cristianos no practican la circuncisión, no siguen las leyes alimentarias y no observan el sábado del mismo modo [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Como judía y católica, muchas veces me preguntan: si Jesús dijo: <strong><em>“No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”</em></strong> (Mateo 5,17), ¿por qué los cristianos no practican la circuncisión, no siguen las leyes alimentarias y no observan el sábado del mismo modo que el judaísmo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para responder esta pregunta, primero es necesario comprender qué quiso decir Jesús con la expresión “dar cumplimiento”. No se trata de pensar que una parte de la revelación sustituye a otra, ni de reducir la Ley a un conjunto de preceptos que simplemente dejaron de tener vigencia. Se trata de descubrir cómo cada mandato, cada signo y cada práctica ocupa un lugar dentro de una misma historia de salvación que alcanza en Cristo su plenitud. Sólo desde allí puede comprenderse por qué algunas prácticas permanecen, otras adquieren una forma nueva y otras conservan una misión particular en la vida del pueblo de Israel.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué significa realmente «dar cumplimiento» a la Ley?</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Cumplir no significa simplemente obedecer una norma. Significa llevar algo hasta su meta, hacer que alcance el objetivo para el cual fue dado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Podemos pensarlo mediante la imagen de una semilla.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la semilla se convierte en árbol, deja de existir como semilla, pero esto no significa que fue destruida, sino que alcanzó su plenitud. El árbol no contradice la semilla. Es el desarrollo de aquello que ya estaba contenido en ella y hacia lo cual se dirigía desde el comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo similar sucede con muchas disposiciones de la Torá. Fueron dadas para acompañar una etapa concreta de la historia de la salvación, formar a Israel como pueblo santo, custodiar su identidad y preparar la llegada del Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el Mesías llega, algunas de esas disposiciones alcanzan el objetivo para el cual habían sido entregadas y, por eso, ya no se practican del mismo modo.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué Dios pidió a Israel mantenerse separado de los demás pueblos?</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender muchas normas de la Torá hace falta conocer primero por qué Israel debía mantenerse separado de las naciones y por qué esa separación debía mantenerse hasta la llegada del Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios eligió a un pueblo concreto, hizo alianza con él y le confió una promesa destinada a alcanzar a toda la humanidad. De Israel vendrían la Torá, los profetas, el culto del Templo, las promesas y, finalmente, el Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Mesías no aparecería separado de toda historia y de todo pueblo. Debía nacer dentro de Israel, de la descendencia de Abraham y de la casa de David. Por eso <strong>era necesario que Israel conservara su identidad y transmitiera su fe, sus enseñanzas y su modo de vida de generación en generación.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblia muestra en varias ocasiones que Israel podía verse atraído por los dioses y las prácticas religiosas de los pueblos vecinos. Los matrimonios con otras naciones podían favorecer además la entrada de esos cultos en la vida del pueblo y debilitar su fidelidad a la alianza, a la Ley y a la esperanza transmitida por los profetas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las leyes de santidad, las normas alimentarias, la circuncisión y el sábado ayudaban a marcar una separación entre Israel y las demás naciones. Junto con muchas disposiciones relacionadas con la pureza, tenían una misma finalidad: proteger la misión de Israel y preservar la fe en el Dios único.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su elección nunca tuvo como finalidad encerrarlo en sí mismo, sino que por medio de él viniera el Mesías. Desde el principio, su misión estaba orientada hacia todas las naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios le dice a Abraham:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”.</em><br>Génesis 12,3</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Y por medio del profeta Isaías anuncia:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Yo te destino a ser la luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra”.</em><br>Isaías 49,6</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel fue separado de las naciones para custodiar una promesa que finalmente debía llegar a todas ellas</strong>. La separación protegía una misión universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de un pueblo concreto era el camino elegido por Dios para ofrecer su salvación a todos los pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la llegada de Cristo, Israel cumple su misión de dar al mundo al Mesías. Pero ese cumplimiento no borra la elección, la historia ni la identidad del pueblo judío. El nacimiento de la Iglesia no significa que Dios lo haya rechazado o sustituido: la Iglesia nace dentro de Israel y recibe de él las Escrituras, las promesas y al mismo Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso san Pablo puede afirmar que «los dones y el llamado de Dios son irrevocables» (Romanos 11,29). Israel sigue teniendo un lugar propio dentro del plan de Dios, un misterio que el mismo Pablo contempla con esperanza cuando anuncia su plenitud futura: «todo Israel será salvado» (Romanos 11,26).</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Leyes morales, ceremoniales y civiles: no todas tenían la misma función</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, la tradición cristiana fue leyendo dentro de la Torá tres tipos de disposiciones, según su función. Algunas expresan exigencias morales, como no matar, no robar, no cometer adulterio y honrar a los padres. Otras regulan el culto, la circuncisión, la pureza ritual, la alimentación y los signos que distinguían a Israel de las demás naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También encontramos normas destinadas a ordenar la vida civil y jurídica del antiguo Israel, relacionadas con las propiedades, las deudas, las indemnizaciones, las penas y las herencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No todas estas leyes tenían la misma finalidad ni debían aplicarse del mismo modo en todos los momentos de la historia de la salvación.</p>



<h1 class="wp-block-heading has-text-align-left"><strong>Los mandamientos morales: una exigencia que permanece y se profundiza</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Los mandamientos morales expresan la voluntad de Dios respecto del bien, la justicia y la relación con los demás. Estos mandamientos no desaparecen con la llegada de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Sermón de la Montaña, Jesús muestra toda su profundidad. No basta con evitar el homicidio. También es necesario enfrentar el odio y buscar la reconciliación. No basta con evitar el adulterio. También hay que cuidar los deseos y las intenciones del corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús está recordando y enfatizando lo que Dios ya había dicho por medio de Moisés y de los profetas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“El Señor, tu Dios, circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma</em>”.<br>Deuteronomio 30,6</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Los profetas también denunciaron constantemente el culto separado de la justicia, la fidelidad y la conversión. Dios dice por medio del profeta Oseas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”.</em><br>Oseas 6,6</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús retoma y profundiza una enseñanza que ya estaba presente en la Ley y los Profetas: Dios no busca sólo una obediencia exterior, sino un corazón verdaderamente vuelto hacia Él.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Leyes ceremoniales: prepararlas para la llegada del Mesías</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">La circuncisión, las leyes alimentarias, las normas de pureza ritual y muchas prescripciones cultuales tenían una misión concreta dentro de la alianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Formaban a Israel como un pueblo consagrado, ordenaban el culto, enseñaban la diferencia entre lo santo y lo profano, preservaban su identidad frente a las prácticas religiosas de las naciones y, en muchos casos, preparaban mediante signos las realidades que alcanzarían su cumplimiento con el Mesías.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la llegada de Cristo se cumple la misión para la cual Israel había sido separado y preparado: de este pueblo nace el Mesías destinado a todas las naciones. Por eso, algunas de estas disposiciones dejan de ser necesarias porque ya habían cumplido su función dentro de la historia de la salvación.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Normas de convivencia y justicia para un tiempo concreto</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Otras disposiciones regulaban la vida social, económica, penal y jurídica de Israel como pueblo organizado en una tierra y dentro de un contexto histórico determinado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trataban asuntos como la propiedad, las deudas, las reparaciones, las penas, las herencias y la protección de las personas más vulnerables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas normas no fueron entregadas como un código jurídico que todas las sociedades futuras debían aplicar literalmente. Sus principios de justicia siguen siendo valiosos, pero su aplicación concreta pertenecía a la organización política de Israel dentro de un contexto histórico, social y cultural determinado.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Los sacrificios</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos, Israel ofreció sacrificios en el Templo. Estos eran actos de culto establecidos por Dios y tenían distintos sentidos: expresaban la comunión con Él, la acción de gracias, la expiación por los pecados, la consagración y la alabanza. Al mismo tiempo, preparaban y anunciaban el sacrificio definitivo de Cristo, como explica la Carta a los Hebreos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando Jesús ofrece su vida en la cruz, el sacrificio es llevado a su plenitud y alcanza su cumplimiento</strong>. El cristianismo reconoce en Cristo al verdadero Cordero y el sacrificio perfecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces, ese único sacrificio se hace presente sacramentalmente en la celebración de la Eucaristía. La Misa no es un sacrificio diferente del de la cruz, sino el mismo sacrificio de Cristo hecho presente sacramentalmente. En el artículo <strong>“<a href="https://judiaycatolica.com/el-dia-del-perdon-como-signo-de-la-cruz/">El Día del Perdón como signo de la cruz</a>”</strong> desarrollo con mayor profundidad este tema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El culto de Israel permite comprender la cruz, y la cruz revela la plenitud hacia la cual se dirigían sus sacrificios y sus ritos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante recordar que el judaísmo actual no ofrece los sacrificios ordenados por la Torá, porque desde la destrucción del Templo de Jerusalén no existe el lugar establecido para realizarlos.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>La circuncisión</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">La circuncisión era la señal de la alianza realizada por Dios con Abraham y marcaba corporalmente la pertenencia al pueblo que llevaba la promesa. San Pablo enseña que, en Cristo, esta incorporación se realiza mediante una circuncisión espiritual, no hecha por manos humanas, que relaciona directamente con el Bautismo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“En él también fueron circuncidados con una circuncisión no hecha por manos humanas [&#8230;] sepultados con él en el Bautismo”.</em><br>Colosenses 2,11-12</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La promesa permanece, pero el signo alcanza una dimensión nueva porque la alianza se abre a todas las naciones.</strong> Esto no significa que la circuncisión deje de tener valor dentro de la identidad judía. Significa que ya no se exige a los gentiles como condición para pertenecer al pueblo del Mesías, una cuestión que fue debatida profundamente por los apóstoles y que quedó resuelta en el Concilio de Jerusalén.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Las leyes alimentarias</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué un cristiano puede comer de todo, mientras que para un judío observante la mesa continúa estando regida por las leyes de kashrut?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las leyes alimentarias ayudaban a organizar la vida cotidiana de Israel según las categorías de pureza y santidad. También contribuían a mantener la separación respecto de los demás pueblos, porque compartir la mesa era una de las formas más concretas de comunión social y religiosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles se relata que Pedro recibe la visión de un lienzo que contiene animales puros e impuros. Al principio, la escena parece referirse únicamente a las leyes alimentarias, pero el mismo relato muestra que su sentido es mucho más amplio. Dios está preparando a Pedro para entrar en la casa del centurión Cornelio, un gentil, y anunciarle el Evangelio.  Pedro comprende entonces que ya no debe considerar impura a ninguna persona y que los gentiles pueden ser incorporados a la comunidad de los creyentes en Jesús sin tener que pasar primero por el judaísmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mismo Pedro explica:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Dios me ha mostrado que no debo llamar profano o impuro a ningún hombre”.</em><br>Hechos 10,28</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La visión utiliza el lenguaje de los alimentos puros e impuros para revelar una transformación mucho más amplia: las barreras que impedían la plena comunión entre judíos y gentiles estaban comenzando a caer. Esta apertura sería confirmada después por los apóstoles en el Concilio de Jerusalén.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, los gentiles incorporados a Cristo no quedaron obligados a asumir las leyes alimentarias dadas a Israel como condición para formar parte del pueblo del Mesías. Los cristianos pueden compartir la mesa sin regirse por las normas de kashrut, porque su incorporación a la alianza se realiza mediante Cristo y el Bautismo, no mediante la adopción de todas las disposiciones que distinguían a Israel de las demás naciones.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>¿Shabat o domingo?</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las preguntas más frecuentes al abordar esta continuidad es la observancia del Sábado (Shabat). En la Torá, el Sábado fue dado a Israel como signo de la creación, memoria de la liberación de Egipto y descanso consagrado al Creador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús no abolió el Sábado, sino que reveló su sentido más profundo al declararse «Señor del Sábado» y recordar que el día de descanso fue hecho para el bien del hombre y no el hombre para el Sábado (Mc 2,27-28).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para los primeros cristianos, en su mayoría judíos, la resurrección de Jesús el primer día de la semana marcó el inicio de la nueva creación. Así como la circuncisión del cuerpo encontró su plenitud espiritual en el Bautismo (Col 2,11-12), el reposo sabático alcanzó su meta en la resurrección de Cristo. Por esta razón, la Iglesia comenzó a reunirse en el «Día del Señor» (Domingo) para celebrar la Eucaristía, no para despreciar el Sábado, sino para celebrar la plenitud hacia la cual el descanso sabático siempre estuvo orientado.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Las fiestas judías</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Las fiestas de Israel también preparan y permiten comprender los acontecimientos de la vida de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://judiaycatolica.com/la-pascua-judia-y-la-ultima-cena-dos-mesas-una-historia/">La  Pascua recuerda la liberación de Egipto y la sangre del cordero.</a> En ese marco, Jesús entrega su vida y se revela como el Cordero que trae una liberación más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://judiaycatolica.com/que-pentecostes-celebraban-los-apostoles/">Shavuot recuerda la alianza y el don de la Torá. En Pentecostés,</a> el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos y comienza la misión hacia las naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sucot celebra la presencia y la protección de Dios durante el camino por el desierto, y contiene además una profunda esperanza acerca del día en que las naciones acudirán a adorar al Señor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la llegada de Jesús, estas fiestas no pierden su significado, sino que los acontecimientos que anunciaban alcanzan su cumplimiento. Por eso los cristianos no están obligados a celebrarlas del mismo modo en que fueron dadas a Israel. La Iglesia las recibe a la luz de Cristo y celebra su cumplimiento dentro de su propia liturgia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Pascua de Israel alcanza su plenitud en la muerte y resurrección de Jesús y se celebra en la Pascua cristiana y en la Eucaristía. Shavuot encuentra una nueva expresión en Pentecostés, con el don del Espíritu Santo. Otras fiestas no fueron incorporadas del mismo modo al calendario litúrgico cristiano, aunque siguen siendo fundamentales para comprender la identidad y la misión de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las fiestas bíblicas forman parte del mundo religioso y espiritual de Jesús. Constituyen el lenguaje bíblico mediante el cual podemos comprender quién es y qué vino a realizar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cristianismo no puede comprender plenamente su propia liturgia sin conocer las fiestas de Israel,</strong> porque los acontecimientos centrales de la vida de Jesús suceden dentro de ese calendario y se expresan mediante sus símbolos.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Los primeros cristianos también tuvieron que responder esta pregunta</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta acerca del cumplimiento de la Ley apareció ya en la primera generación cristiana. Cuando comenzaron a incorporarse gentiles, algunos sostenían que debían circuncidarse y observar la Ley de Moisés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles relata esta discusión, conocida como el primer <strong>Concilio de Jerusalén.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de discernir y buscar juntos la voluntad de Dios, los apóstoles concluyeron que los gentiles no debían hacerse judíos para pertenecer al pueblo del Mesías, sino que podían ser incorporados directamente a Cristo mediante el Bautismo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no significó, sin embargo, que quedara todo sin ningún marco. Los apóstoles pidieron a los gentiles conversos observar algunas condiciones mínimas: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de animales ahogados y de la inmoralidad sexual (Hechos 15,20.29). No se trataba de imponerles la Torá completa, sino de asegurar una base común de santidad que hiciera posible la comunión de vida entre judíos y gentiles dentro de una misma comunidad de fe.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>La Ley y los Profetas alcanzan su cumplimiento</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Jesús afirma que vino a dar cumplimiento a la Ley y los Profetas, no está hablando solamente de qué mandamientos continúan practicándose y cuáles no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está afirmando que toda la historia de Israel encuentra en Él su sentido y su meta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las promesas hechas a Abraham, la liberación de Egipto, la alianza, el sacerdocio, el Templo, los sacrificios, las fiestas, la esperanza de los profetas, la promesa de un descendiente de David, la expectativa de una nueva alianza y la reunión de las naciones forman parte de una misma historia que alcanza en Jesús un momento decisivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, para el cristianismo, cumplir la Ley y los Profetas no significa mantener cada práctica exactamente de la misma manera. Significa reconocer en Cristo la realidad hacia la cual se dirigían las Escrituras de Israel.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>“Cosas nuevas y cosas antiguas”</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús ofrece una imagen muy hermosa para comprender esta relación:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“<em>Todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.</em><br>Mateo 13,52</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El discípulo del Reino no vacía el tesoro antiguo. Saca de él cosas antiguas y nuevas, porque <strong>ambas se iluminan mutuamente.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin Abraham no comprendemos la promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin el Éxodo no comprendemos la redención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin la Pascua no comprendemos la muerte y resurrección de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin los sacrificios no comprendemos al Cordero de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin el Templo no comprendemos plenamente la presencia de Dios entre los hombres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco comprendemos verdaderamente la novedad cristiana si la separamos de los acontecimientos que la prepararon.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso es tan importante <strong>conocer las raíces judías del cristianismo</strong>: sólo dentro de esa historia podemos conocer verdaderamente a Jesús, comprender su identidad y reconocer la profundidad de aquello que vino a realizar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero estas raíces no pertenecen únicamente al pasado, ni son solo una preparación histórica del cristianismo. El pueblo judío sigue vivo, su elección permanece y su historia conserva un lugar propio dentro del plan de Dios. Conocer el judaísmo, entonces, no es volver al origen de la fe cristiana, es acercarnos a una realidad que sigue vigente, y que sigue teniendo sentido hoy. Por eso el cristiano no mira al judaísmo como algo ajeno o superado, sino como la raíz de la que sigue viviendo, la misma raíz cuya elección, como dice Pablo, permanece irrevocable, sostenida por la fidelidad de Dios.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>La plenitud que no destruye, sino que revela</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Preguntarnos si los cristianos deben practicar el judaísmo equivale a preguntarnos si el árbol debe volver a ser semilla. La fe cristiana no nace de la ruptura o el desprecio de la Ley y los Profetas, sino del reconocimiento de que en Jesús de Nazaret todas las promesas hechas a Israel han alcanzado su cumplimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las normas ceremoniales, los sacrificios del Templo y los signos de separación cumplieron fielmente su misión pedagógica y preparatoria en la historia de la salvación. Las exigencias morales de la Torá permanecen y se profundizan en el mandamiento del amor. Y la elección de Israel sigue firme e irrevocable en el corazón de Dios, revelando que el plan divino es de una perfecta continuidad, fidelidad y misericordia para toda la humanidad.</p>
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		<title>El día del perdón como signo de la Cruz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Sep 2018 14:21:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estudios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Día del Perdón (Iom Kipur) representa uno de los momentos más significativos en la tradición judía, pero más allá de su importancia histórica, este día sagrado nos revela una profunda conexión con el sacrificio redentor de Cristo. Las festividades judías, como suelo decir, son una forma de catequizar a la comunidad, de enseñarle su [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El Día del Perdón (Iom Kipur) representa uno de los momentos más significativos en la tradición judía, pero más allá de su importancia histórica, este día sagrado nos revela una profunda conexión con el sacrificio redentor de Cristo.</p>
<p>Las festividades judías, como suelo decir, son una forma de catequizar a la comunidad, de enseñarle su historia. Y no sólo apuntan a recordar hechos del pasado o a nutrir el presente, sino que a la vez son signos que son llevados a su plenitud en los tiempos mesiánicos.</p>
<p>El día del perdón, Iom Kipur, no sólo no se queda atrás en esto, sino que es uno de los signos más fuertes para mostrarnos el sacrificio expiatorio, pleno, llevado a su máxima expresión, concreción y éxito, en la cruz</p>
<h3><strong>El día de la expiación, Iom Kipur. (Día del Perdón)</strong></h3>
<p>La palabra <strong><em>Iom</em></strong>, quiere decir <em>día</em>, en hebreo, y <strong><em>Kipur</em></strong>, viene de la palabra <strong><em>kapporet</em></strong>, que quiere decir propiciatorio, en hebreo. Y viene de la raíz <em>kaphar</em>, que es la misma palabra que se usa para “expiación“.</p>
<p>A la mayoría de las <strong>fiestas judías</strong> podemos conocerlas mediante las escrituras y también por medio de la tradición. Muchas de ellas, tienen rituales diferentes, de la época en que eran celebradas antes de la destrucción del Templo, y en la época posterior, como hoy en día.</p>
<p><span style="color: #000000;">El <strong>día del perdón</strong> es uno de los días más solemnes para el judaísmo, donde se dedica a la oración, a la aflicción del alma y al ayuno. Es un día completo de reflexión y reparación.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Mientras que este tipo de costumbres continúan desde los orígenes de esta festividad al día de la fecha, la parte relacionada a los sacrificios de animales ya no se puede hacer más por no tener el Templo. (El cual fue destruido por el imperio Romano en el año 70 DC)</span></p>
<h3><strong>El Origen </strong></h3>
<p>El origen bíblico de este día, tiene que ver con el perdón que Dios le otorgó al pueblo de Israel, cuando luego de haber sido liberados de Egipto, y haber hecho una alianza con Dios (Ex. 24) el pueblo cayó en la idolatría, en el conocido episodio del becerro de oro. (Ex. 32)</p>
<p><strong>Moisés</strong> intercede ante Dios por el pueblo, y le pide que él sea quien asegure<strong> “<em>kaphará</em>” por su pueblo,</strong> quien asuma la responsabilidad, rinda cuentas y <em>cubra</em> los pecados de su pueblo.  Y Dios, por medio de este gesto de intercesión, perdona al pueblo de Israel.</p>
<p>Luego de este día y de la posterior construcción del Tabernáculo, el “templo móvil” que contenía el arca de la alianza, fue instituida esta celebración, de forma perpetua, para celebrarla cada año:</p>
<p>«<em>Porque ese día se practicará el rito de expiación en favor de ustedes, a fin de purificarlos de todos sus pecados. Así quedarán puros delante del Señor. Ese será para ustedes un día de reposo absoluto, en el que deberán ayunar. <strong>Se trata de un decreto válido para siempre</strong></em>. (Lv. 16.30-31)</p>
<p>En el libro del Levítico, capítulo 16 y 23, encontramos todos los detalles de la institución del rito del día del perdón o expiación, y las instrucciones de cómo se debía llevar a cabo.</p>
<p>Este día, tenía como objetivo expiar los pecados, reconciliarse con Dios, y volver a estar en Comunión con Él. La oración, ayuno y aflicción, se sigue llevando a cabo por los judíos hoy en día, todos los años.</p>
<h3><strong>Los sacrificios de expiación en la época del Templo </strong></h3>
<p>El eje central de este día eran los rituales de sacrificios de animales como expiación de los pecados para la purificación del templo y el pueblo.</p>
<p>El día del perdón, o el <em>gran día,  </em>como es llamado en el Talmud, era el único día del año en que el sumo sacerdote podía entrar al<strong> lugar santísimo del Templo, el Santo de los Santos</strong>. Y para hacerlo, debía hacer determinados rituales de purificación previos y muy estrictos.</p>
<p>El sacerdote debía sumergirse en agua, para purificarse completamente antes de ponerse las vestiduras con las que iba a realizar los sacrificios.  Y una vez sumergido y secado se ponía las ropas adecuadas para ese día:</p>
<p>«<em>Además, tendrá que estar vestido con la <strong>túnica sagrada de lino</strong> y cubierto con pantalones de lino; se ceñirá con la faja de lino y llevará puesto el turbante de lino. Estas son vestiduras sagradas, que él se pondrá después de haberse bañado con agua</em>.» (Lv. 16.4)</p>
<p>En el cuarto Evangelio, podemos ver que se resalta que Jesús tenía puesta también una túnica:</p>
<p>«<em>Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la <strong>túnica</strong>, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí: «No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados</em>.» (Jn. 19.23-24)</p>
<p>Con este detalle, el evangelista nos quiere mostrar no sólo que Jesús era víctima y también Sumo Sacerdote, sino que los ritos del día de la expiación habían comenzado para ser llevados a su plenitud. Y, a lo largo de su relato de la Pasión, muerte y resurrección, nos va a seguir dando estos “guiños” o signos que lo ponen de manifiesto.</p>
<h3><strong>El chivo expiatorio</strong></h3>
<p>Un aspecto esencial del día de la expiación, Iom Kipur, era el <strong>chivo expiatorio</strong>. Este término tan conocido viene justamente de este ritual. Alguien que carga la culpa de otro.</p>
<p>«<em>Aarón recibirá de la comunidad de los israelitas dos chivos para un sacrificio por el pecado y un carnero para un holocausto. Él ofrecerá su propio novillo como sacrificio por el pecado, y practicará como sacrificio por el pecado, y practicará el rito de expiación por sí mismo y por su familia. Luego tomará los dos chivos y los presentará delante del Señor, a la entrada de la Carpa del Encuentro. En seguida echará las suertes sobre los dos chivos: una suerte para el Señor y la otra para Azazel. <strong>Presentará el chivo que la suerte haya destinado al Señor, y lo ofrecerá como sacrificio por el pecado</strong>. En cuanto al chivo destinado por la suerte a Azazel, será puesto vivo delante del Señor, a fin de enviarlo al desierto para Azazel. Aarón ofrecerá su propio novillo como sacrificio por el pecado y practicará el rito de expiación por sí mismo y por su familia. Lo inmolará</em>…” (Lv. 16.5-11)</p>
<p>Los pecados eran transferidos al animal a través de la imposición de manos del sacerdote:</p>
<p>«<strong><em>Aarón impondrá sus dos manos sobre la cabeza del animal y confesará sobre él todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas</em></strong><em>, cualesquiera sean los pecados que hayan cometido, cargándolas sobre la cabeza del chivo. Entonces <strong>lo enviará al desierto</strong> por medio de un hombre designado para ello. El chivo llevará sobre sí, hacia una región inaccesible, todas las iniquidades que ellos hayan cometido; y el animal será soltado en el desierto</em>.» (Lv. 16.21-22)</p>
<h3><strong>El milagro del lazo escarlata</strong></h3>
<p>En la tradición judía, también se describe un ritual que se hacía en ese día. Se ataba un lazo escarlata al chivo que iba a ser enviado al desierto y se ataba otro igual en la puerta del templo. Cuando el chivo iba al desierto, cumpliendo la misión de expiación, el lazo se tornaba blanco, como signo de que Dios había aceptado sus sacrificios y que los pecados habían sido perdonados.</p>
<p>Esto se fundamentaba bajo lo escrito en el libro de Isaías:</p>
<p>“<em>Vengan, y discutamos –dice el Señor– Aunque sus pecado sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana</em>.” (Is. 1.18)</p>
<p>Lo más asombroso de toda esta tradición, es que la misma Mishná (Tradición oral judía puesta por escrito) nos cuenta que durante los 40 años anteriores a la destrucción del templo de Jerusalén de los años 70, <strong>el lazo dejó de tornarse blanco</strong> y nunca se comprendió el motivo.</p>
<p>Desde el cristianismo podemos verlo claramente: 40 años antes de la destrucción del templo, fue precisamente la muerte de Jesús, quien fue el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn.1 29) , de modo que no era más necesario un chivo expiatorio, ni ningún tipo de sacrificio de animales para la expiación de los pecados. Ya Dios nos había tornado “<em>blancos como la lana</em>” interiormente mediante el sacrificio de Jesús.</p>
<p>Jesús es el verdadero e infinito “chivo expiatorio”, el culmen del siervo sufriente que carga con nuestras culpas:</p>
<p>«<em>Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Pero él soportaba nuestros sufrimientos y <strong>cargaba con nuestras dolencias</strong>, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. <strong>Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades</strong>. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros.»</em> (Is.53.3-6)</p>
<h3><strong>Rociando la sangre del sacrificio</strong></h3>
<p>Otro elemento clave de los pasos de este ritual era el rociar la sangre del chivo sacrificado dentro del lugar santísimo del templo. De este modo se purificaba ese sector, creando un espacio limpio donde el hombre podía relacionarse con Dios:</p>
<p>«<em>Después tomará la sangre del novillo y rociará con el dedo la parte delantera de la tapa, hacia el este; y delante de la tapa, hará con el dedo siete aspersiones de sangre</em>.» (Lv. 16.4).</p>
<p>¿Jesús tambien cumplió y llevó a su plenitud esta práctica en su rito de expiación?</p>
<p>El teólogo, Dr. Brant Pitre, sugiere que si, y fue durante la Ascensión a los cielos.  Jesús asciende al verdadero Templo, en el Cielo, y no ya portando la la sangre de animales sino su propia sangre, para sellar esta Alianza nueva y eterna e inaugurar una nueva relación con Dios.</p>
<p>En el capítulo 9 de la carta a los hebreos, podemos ver que ya se lo  interpretaba de este modo, cuando describiendo los ceremoniales del día de la expiación nos dice:</p>
<p>“…<em>Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. El, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua –no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado– <strong>entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna</strong>. </em>(Hebreos 9)</p>
<p>Leyendo la descripción que hace Alfred Edersheim en su libro <em>El Templo</em>, cuando el sumo sacerdote ingresaba en el santuario, podemos hacernos una hermosa imagen paralela con la ascensión de Jesús:</p>
<p>«<em>Todos los ojos se fijaban intensamente allí, mientras que se veía desaparecer la figura del sumo sacerdote en sus blancos ropajes dentro del lugar santo. Después de eso, ya no se podían ver más sus movimientos</em>.»</p>
<h3><strong>La redención </strong></h3>
<p>La expiación se producía mediante el sacrificio del animal, quien moría en lugar nuestro. Al haber ofendido a nuestro prójimo y a Dios, éramos redimidos mediante este animal, quien su sangre, que representaba la vida, «cubría» nuestras faltas, y nos restauraba la vida. La palabra bíblica para esto es propiciación, expiación, que significa cubrir la muerte de alguien.</p>
<p>Pero este acto externo debía representar una contrición interna. Cuando los israelitas lo hacían sólo como ritual, Dios, a través del profeta Oseas, entre muchos otros, envío a decir «<strong><em>Porque yo quiero amor y no sacrificios,</em></strong><em> conocimiento de Dios más que holocaustos</em>.» (Oseas 6.6)</p>
<p>Y por medio del profeta Isaías dijo: <em>“¿Qué me importa la multitud de sus sacrificios? –dice el Señor– Estoy harto de holocaustos de cameros y de la grasa de animales cebados; no quiero más sangre de toros, corderos y chivos…&#8230; ¡no puedo aguantar la falsedad y la fiesta!&#8230; ¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda</em>!” (Is. 1. 11-17)</p>
<p>Este culto fue llevado a su máximo esplendor, a su plenitud y superado infinitamente mediante la venida del Mesías. Su vida sería ofrecida como un sacrificio de redención.</p>
<p>Jesús, cumpliendo las profecías mesiánicas, vino, como él mismo dijo «<strong><em>para servir y para dar su vida en rescate por muchos</em></strong>» (Mc. 10.45)</p>
<p>Esa palabra <strong><em>rescate</em></strong>, se refiere a la palabra del sacrificio de propiciación, expiación.<br />
Jesús, con su muerte, cubrió, hizo «<em>Kippur</em>» nuestra deuda. Transfiriendo Dios todos los pecados del mundo sobre Él (Isaías 53:1-6; 1 Corintios 15:3; Gálatas 1:3-4; Hebreos 2:17; 1 Juan 2:2; 4:10).</p>
<p><strong><em> “</em></strong><em>Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por otra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente!»</em>  (Hebreos 9)</p>
<p>Como destaca Alfred  Edersheim: “&#8230;los pecados del pueblo eran confesados, no sobre el macho cabrío que era muerto, sino en el que era «<em>soltado en el desierto</em>» y que era ese macho cabrío, no el otro, el que <em>«llevaba sobre sí todas las iniquidades</em>» del pueblo … la culpa confesada era quitada del pueblo y puesta sobre la cabeza del macho cabrío, como sustituto simbólico. Sin embargo, como el macho cabrío no era muerto sino solo enviado lejos, a «<em>tierra no habitada</em>«, del mismo modo, bajo el antiguo pacto<strong>, el pecado no quedaba realmente borrado, sino sólo quitado del pueblo, y echado a un lado hasta que Cristo viniera, no sólo a tomar sobre Sí la carga de la transgresión, sino a borrarla y purificarla</strong>.» (<em>El templo</em>. Pág. 206).</p>
<h3><strong>El retorno del sacerdote y la segunda venida </strong></h3>
<p>Por último, el Dr. Brant Pitre asocia la segunda venida de Jesús, con el retorno del sacerdote del Santo de los Santos. Éste no sólo ingresaba al Templo para hacer el sacrificio sino que el pueblo esperaba ansiosamente afuera para que el sacerdote salga, luego de haber hecho todos los rituales asignados.</p>
<p>El Templo tenía una estructura ascendente, de modo que el lugar santísimo era el más elevado. Así, el sacerdote no sólo ingresaba al santuario, <strong>sino que ascendía hacia él.</strong></p>
<p>Las personas esperaban afuera a que el sacerdote retornara a ellos y les proclamara que sus pecados habían sido perdonados.</p>
<p>Cuando el sacerdote salía del templo, se debía cambiar sus vestiduras a unas limpias (ya que la anterior túnica blanca de lino estaba cubierta de la sangre del sacrificio), por unas de lujo, “de gloria”, como lo que un novio usaría para su boda. Esta descripción está hermosamente detallada en Eclesiástico, capítulo 50, cuando describe al sumo sacerdote saliendo del templo:</p>
<p><em>“¡Qué glorioso era, rodeado de su pueblo, cuando salía detrás del velo! Como lucero del alba en medio de nubes, como luna en su plenilunio, como sol resplandeciente sobre el Templo del Altísimo, como arco iris que brilla entre nubes de gloria…</em></p>
<p><em>… Cuando se ponía la vestidura de fiesta y se revestía de sus espléndidos ornamentos, cuando subía al santo altar, él llenaba de gloria el recinto del Santuario</em>.”</p>
<p>Luego de todo esto el pueblo celebraba, había banquetes, y fiestas.</p>
<p>Brevemente, podríamos hacer un paralelo con la segunda venida de Jesús, ya no viniendo con su “manto cubierto de la sangre del sacrificio expiatorio” sino con sus “vestiduras de gloria”, donde el pueblo expectante, “alerta”, ante su venida, celebra su retorno.</p>
<h3><strong>La cruz es nuestro Iom Kipur</strong></h3>
<p>Uno de los propósitos del <strong>Día de Expiación era ser signo de la Cruz.</strong> Prepararnos para cuando al llegar el día de la verdadera expiación pudiéramos identificar ese misterio, y comprender acerca de lo que Dios quería hacer por nosotros.</p>
<p>Jesús lleva este día a su plenitud, a su <em>completud</em>. Lo llena de sentido. <strong>Él es el sacrificio perfecto al que todos los sacrificios de la Torá apuntaron</strong>, especialmente el del día del perdón.</p>
<p>La cruz es nuestro Iom Kipur, pero la diferencia esencial es que antes los pecados eran cubiertos, “alejados” y con Jesús, Dios hecho hombre, son quitados, removidos para siempre.</p>
<p><strong>Su entrega por amor fue lo que nos remidió y actualmente </strong>su sangre continúa purificándonos y llevándonos a estar en comunión con él. Jesús sigue ofreciendo su vida en rescate por cualquiera que lo acepte.</p>
<p>Ya no tenemos que esperar una vez al año para purificarnos y crear una ambiente puro para relacionarnos con Dios, sino que todos los días tenemos acceso a Él.</p>
<p>Ojalá que podamos comprender un poco más de este maravilloso misterio para poder aceptarlo, abrazarlo y dar gracias por él. Poder contemplar este amor tan grande que Dios tiene por cada uno de nosotros y cómo fue trazando esta historia de salvación desde sus inicios, para que que podamos volver a vivir en comunión con Él.</p>
<p><strong>Es la historia de amor más grande que jamás existió.</strong></p>
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