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	<title>Judaísmo archivos - Judia &amp; Catolica</title>
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	<description>Mi Camino Personal y Reflexiones sobre ser Judia y Católica, al mismo tiempo. E intentando hacer Visible algo de lo Invisible</description>
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	<title>Judaísmo archivos - Judia &amp; Catolica</title>
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		<title>¿Los judíos deben convertirse?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 15:18:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿Deben convertirse los judíos al catolicismo? Es una pregunta incómoda. Y siempre lo fue. Después de tantos siglos de heridas, persecuciones y malos entendidos, hablar de este tema no es fácil. A mí, cuando vivía mi fe únicamente desde el judaísmo (antes de abrazar también la fe católica), no me gustaba escuchar que alguien dijera [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">¿Deben convertirse los judíos al catolicismo? Es una pregunta incómoda. Y siempre lo fue.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de tantos siglos de heridas, persecuciones y malos entendidos, hablar de este tema no es fácil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mí, cuando vivía mi fe únicamente desde el judaísmo (antes de abrazar también la fe católica), no me gustaba escuchar que alguien dijera que rezaba por mi conversión. El judío ama profundamente su religión, sus tradiciones y su identidad. Y, aunque detrás de esas palabras pueda haber una buena intención, no deja de sentirse como si alguien quisiera quitarle algo muy valioso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero para mí la pregunta esencial, la que lo cambia todo, es esta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Es Jesús el Mesías prometido a Israel?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, en realidad, respondiendo eso se responde todo. Si Jesús no es el Mesías, ningún judío debería seguirlo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero <strong>si Jesús es el Mesías esperado por el pueblo de Israel,</strong> entonces un judío que lo reconoce no abandona el judaísmo, sino que continúa el camino de la promesa en su etapa mesiánica. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es, justamente, lo que hicieron los primeros discípulos. Eran judíos. Los apóstoles eran judíos. San Pablo era judío. No sintieron que estuvieran traicionando a su pueblo, sino <strong>descubriendo que Dios había cumplido aquello que había prometido desde Abraham y los profetas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me gusta decir que <strong>un judío que abraza la fe católica no deja de ser judío.</strong> Comprende su judaísmo desde una profundidad nueva. Descubre que la promesa y su cumplimiento forman una única historia, plena completa.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Qué pasa con quienes no llegaron a reconocerlo?</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La Iglesia enseña algo que muchas veces se cita sin contexto: <strong><em>«Fuera de la Iglesia no hay salvación».</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos esta frase generó muchas discusiones y, a veces, se interpretó de una manera demasiado simple, como si significara que Dios hubiera cerrado las puertas de su misericordia a todos los que no pertenecen visiblemente a la Iglesia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el Catecismo explica que esta afirmación debe entenderse de un modo positivo. Toda salvación viene de Cristo y de la Iglesia:   Jesús mismo dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.»</em> (Jn 14,6)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la misma Iglesia reconoce que <strong>no podemos poner límites a la acción de Dios en el corazón humano.</strong> Por eso enseña, y vale la pena leerlo con atención:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Los que, sin culpa propia, desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con corazón sincero y se esfuerzan por cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.»</em> (CIC 847)</p>



<h3 class="wp-block-heading">El peso de dos mil años de heridas</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Y pienso que, en el caso del pueblo judío, y quizás de otras personas con otras historias, existe una realidad todavía más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Muchas veces no se trata simplemente de desconocer a Jesús.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay casi dos mil años de heridas, persecuciones, expulsiones, acusaciones injustas y violencias cometidas por <strong>hombres que utilizaron el nombre de Cristo para hacer exactamente lo contrario de lo que Él enseñó.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso fue construyendo una<strong> imagen distorsionada de Jesús y abriendo un abismo entre el judaísmo y el cristianismo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese abismo no lo creó Jesús. Pero está ahí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que Dios, que conoce el corazón de cada persona y la historia de cada pueblo, también conoce el peso de esas heridas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay personas que no rechazan a Jesús. Quizás rechazan la imagen de Jesús que recibieron. Y eso es algo que nosotros no podemos medir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La historia de Hermann Cohen</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una historia que, para mí, ilustra muy bien todo esto: la de un judío del siglo XIX llamado Hermann Cohen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su vida reúne, de alguna manera, las dos caras de esta reflexión. Por un lado, la de un judío que descubre en Jesús al Mesías prometido y comprende que abrazar el cristianismo no significa abandonar a Israel, sino encontrar el cumplimiento de la promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hermann era un brillante pianista, discípulo de Liszt. Después de una profunda experiencia espiritual con la eucaristía, abrazó la fe católica y terminó entregando toda su vida a Dios como monje carmelita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, al mismo tiempo, su vida muestra el misterio de aquellas personas que, por las circunstancias de su camino, de su herencia familiar o incluso del peso acumulado por su pueblo, no pueden dar ese mismo paso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su madre nunca pudo aceptar el camino que había tomado su hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hermann rezó durante años por ella. Deseaba que también pudiera reconocer al Mesías. Pero su madre murió sin que él viera cumplido ese deseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiempo después, Hermann recibió una carta contando un hecho extraordinario. Un sacerdote relataba que una religiosa había tenido una gracia especial relacionada con la muerte de su madre y había comprendido que, en el último instante de su vida, aquella mujer había recibido una luz de Dios y había respondido a ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabemos con certeza histórica todos los detalles de este relato. Pero sí nos deja una enseñanza muy profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La misericordia de Dios supera siempre nuestras categorías.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién puede conocer lo que sucede en el último diálogo entre un alma y su Creador?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién puede medir el peso de las heridas, de la historia, de los miedos o de las falsas imágenes que una persona recibió durante toda su vida?</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Entonces hay que rezar por la conversión de los judíos?</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La fe es un don. No se puede imponer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se puede anunciar, se puede compartir, se puede testimoniar. Pero, sobre todo, se puede <strong>demostrar con la propia vida.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué imagen de Dios transmitimos? ¿Qué imagen de Jesús mostramos a los demás? ¿Cómo nos cambia la vida creer en Él?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque muchas veces las personas no se acercan a una idea, sino a un <strong>testimonio</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se escucha mucho decir que hay que rezar por la conversión de los judíos para salvar su alma. Y sí, la salvación importa. Pero pienso que hay algo todavía más hermoso:<br><br>Por cómo transforma nuestro presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cómo ilumina nuestra historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cómo nos ayuda a atravesar todo lo que nos sucede.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conocer que Dios cumple sus promesas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Descubrir que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob no abandonó a su pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender que nos amó tanto que envió a su Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para que el mundo se salve por Él. (Jn 3,16-17)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, personalmente, pienso que no se trata de rezar por la conversión de los judíos, sino de rezar para que puedan descubrir que el Mesías prometido a Israel ya vino y es Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque estoy convencida de que un judío que encuentra a Jesús no pierde su identidad. Encuentra la plenitud de la promesa divina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ojalá todos pudieran conocer a Jesús no solamente por el destino eterno de su alma, sino por el tesoro que significa tenerlo en la propia vida. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Video: Del judaísmo al catolicismo: mi historia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Jun 2026 19:59:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Nací en una familia judía, crecí entre las tradiciones, festividades y enseñanzas del pueblo de Israel. Nunca imaginé que años después descubriría en Jesús al Mesías prometido y una continuidad inesperada entre el judaísmo y el catolicismo. En este testimonio cuento cómo fue ese proceso, las experiencias que transformaron mi vida y por qué hoy [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Nací en una familia judía, crecí entre las tradiciones, festividades y enseñanzas del pueblo de Israel. Nunca imaginé que años después descubriría en Jesús al Mesías prometido y una continuidad inesperada entre el judaísmo y el catolicismo. <br><br>En este <strong>testimonio </strong>cuento cómo fue ese proceso, las experiencias que transformaron mi vida y por qué hoy me defino como<strong> judía y católica.</strong></p>



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		<title>Los Salmos: cuando la alabanza nace en medio del dolor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 May 2026 14:46:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Muchas veces pensamos que la alabanza nace cuando todo está bien. Cuando sentimos paz, cuando las cosas salen como esperábamos, cuando la fe se vuelve fácil. Pero los Salmos muestran algo completamente distinto. El libro de los Salmos está lleno de gritos, preguntas, cansancio, lágrimas y silencios de Dios. Está lleno de oraciones que nacen [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Muchas veces pensamos que la <strong>alabanza</strong> nace cuando todo está bien. Cuando sentimos paz, cuando las cosas salen como esperábamos, cuando la fe se vuelve fácil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero los Salmos muestran algo completamente distinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El libro de los Salmos </strong>está lleno de gritos, preguntas, cansancio, lágrimas y silencios de Dios. Está lleno de oraciones que nacen desde la angustia, desde la espera, desde la sensación de abandono. Y, sin embargo, justamente eso es también lo que la tradición de Israel llamó «alabanza».</p>



<p class="wp-block-paragraph">En hebreo, los Salmos se llaman <em><strong>Tehilim</strong></em>, que significa alabanzas. Y eso resulta sorprendente. Porque muchos de esos textos no parecen himnos alegres ni triunfales. Parecen más bien el corazón de alguien que ya no sabe cómo seguir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Dónde está la alabanza ahí?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás la respuesta sea una de las enseñanzas más profundas de toda la espiritualidad bíblica. La verdadera alabanza no consiste en negar el dolor ni en fingir que todo está bien. Nace cuando, incluso en medio de la oscuridad, el hombre vuelve a recordar quién es Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso los Salmos son tan humanos. El salmista no esconde lo que siente: le habla a Dios desde el miedo, la tristeza, la incertidumbre o el cansancio. Pero en medio de esa oración sucede algo profundamente transformador: hace memoria. Recuerda las obras de Dios, su fidelidad con Israel, todas las veces que sostuvo, liberó, perdonó y acompañó a su pueblo. Y muchas veces, poco a poco, ese corazón que empezó rezando desde la desolación termina descansando nuevamente en la confianza. No porque el sufrimiento desaparezca, sino porque vuelve a apoyarse en una verdad más profunda que sus emociones del momento.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Los Salmos y la memoria de Dios</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Dios no nos dio estas oraciones porque necesite que lo alabemos. Dios no necesita nada. Los que necesitamos recordar somos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos volver a escuchar que Dios es nuestra roca, nuestro refugio y nuestra fortaleza. Necesitamos repetir que su amor permanece para siempre, porque lo olvidamos con mucha facilidad, especialmente cuando la vida se vuelve difícil.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los Salmos nos enseñan a rezar desde la realidad concreta que estamos viviendo, </strong>desde lo que somos y lo que sentimos, pero al mismo tiempo nos enseñan a levantar la mirada hacia Aquel que trasciende nuestras emociones cambiantes. Por eso rezar los Salmos es volver a colocar nuestra vida dentro de una historia mucho más grande que nuestro estado de ánimo del momento.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><em>«Porque es eterno su amor»</em></h1>



<p class="wp-block-paragraph">La esperanza bíblica no es un optimismo vacío. Está apoyada en algo real: un Dios que actuó en la historia, que hizo alianza con su pueblo, que liberó a Israel de Egipto, que sostuvo al hombre en medio del desierto, que corrigió, perdonó y siempre cumplió sus promesas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejemplos más hermosos de esto aparece en el <strong>Salmo 136</strong>, conocido en la tradición judía como el<strong> Gran Hallel.</strong> Ese Salmo va recorriendo toda la historia de la salvación: la creación, la liberación de Egipto, el paso por el desierto, la fidelidad de Dios con Israel. Y después de cada frase repite lo mismo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>«Porque es eterno su amor.»</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Veintiséis veces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué tanta repetición? Porque necesitamos que esa verdad se nos grabe en el alma y en la mente. Cuando el hombre comienza a repetir una y otra vez esa frase, lentamente empieza a reorganizar la manera en que mira la realidad. No significa que todo lo que sucede sea bueno, ni que Dios quiera el sufrimiento. Significa algo más profundo: que incluso en medio de aquello que no entiendo, puedo recordar que mi vida no está abandonada. <strong>Que existe un amor sosteniendo incluso aquello que hoy todavía no logro comprender.</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>La alabanza más profunda</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí <strong>los Salmos nos prestan palabras. </strong>Nos enseñan que podemos presentarnos delante de Dios con todo lo que somos y todo lo que estamos viviendo, no para encerrarnos en nuestra angustia, sino para dejar que Él vuelva lentamente a ordenar nuestra mirada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque a veces la alabanza más profunda nace precisamente en medio de la noche, cuando el hombre puede decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«No entiendo, pero confío.</em> <em>No veo, pero recuerdo.</em> <em>Me duele, pero sé que tu amor permanece.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La fe bíblica no consiste en no tener miedo. Consiste en aprender a mirar la vida desde una verdad más grande que el miedo: que Dios permanece fiel, que su misericordia no se agota, que su amor no depende de lo que yo sienta hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Porque su amor es eterno.</strong></p>
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		<title>Jesús y el Tikkun Olam definitivo: la reparación del mundo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 12:15:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El concepto judío de Tikkun Olam, “reparar el mundo”, expresa la esperanza de que la creación pueda ser llevada a su plenitud y restaurada mediante la colaboración del ser humano con Dios.La Biblia narra esa historia desde Génesis hasta su cumplimiento en Cristo. En el principio el mundo fue creado bueno. La Biblia no presenta [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El concepto judío de <strong>Tikkun Olam, “reparar el mundo”</strong>, expresa la esperanza de que la creación pueda ser llevada a su plenitud y restaurada mediante la colaboración del ser humano con Dios.<br>La Biblia narra esa historia desde Génesis hasta su cumplimiento en Cristo.</p>



<h1 class="wp-block-heading">En el principio el mundo fue creado bueno.</h1>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblia no presenta la creación como una obra cerrada y terminada. Desde el comienzo, Dios confía al ser humano una misión dentro de ella: cultivar y cuidar el mundo que le ha sido dado. Como dice el Génesis, Dios puso al hombre en el jardín de Edén <strong>“para trabajarlo y cuidarlo”</strong> (Génesis 2,15).</p>



<p class="wp-block-paragraph">No somos solo habitantes de la creación. Somos también <strong>sus custodios y colaboradores</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No había maldad. No había ruptura. Había armonía entre el hombre y Dios, entre el hombre y la tierra, entre el hombre y su propio interior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una armonía que no era conquista ni logro, era don. Era la condición original de la creación: todo en su lugar, todo en su propósito, todo orientado hacia Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo fue creado <strong><em>tov</em></strong>,  <strong>bueno</strong>. La palabra aparece siete veces en el primer capítulo del Génesis, como un estribillo que Dios repite mientras contempla su obra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el ser humano quiso hacer su propio camino, a su modo, sin dejarse guiar por Dios. Su desconfianza lo llevó a la desobediencia y a la toma de decisiones erradas. Y esa elección quebró algo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo que es ya no es el mundo que debería ser.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La primera promesa de restauración</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, desde ese mismo momento, Dios nos tendió la mano para levantarnos, darnos consuelo y para invitarnos a&nbsp;<strong>participar en la reparación de este mundo quebrantado.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya en el Jardín del Edén, antes de que terminara ese primer día de ruptura, Dios pronunció las primeras palabras de esperanza. Lo que la tradición cristiana llama el <em>protoevangelio</em>, el primer anuncio del Evangelio, escondido en una maldición dirigida a la serpiente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>«Pondré enemistad entre ti y la mujer,<br>entre tu linaje y el suyo.<br>Él te aplastará la cabeza<br>y tú le acecharás el talón.»</em><br>(Génesis 3,15)</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Una promesa. Pequeña, casi imperceptible. Pero ahí estaba: la primera semilla del plan de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y desde ese momento comenzó una nueva historia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Israel y la tarea de reparar el mundo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Dios fue reuniendo a un pueblo, el pueblo de Israel, y lo fue preparando, formando, acompañando. Le dio los mandamientos, los preceptos, las <em><strong>mitzvot</strong></em>, para que vivieran bien e hicieran el bien. Para que fueran, en medio del mundo roto, una señal de que la reparación era posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta participación en la restauración del mundo mediante las <em>mitzvot</em> se conoce en el judaísmo como <strong>Tikkun Olam</strong>, “reparar el mundo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La expresión aparece ya en la Mishná, donde se habla de actuar <em>mipnei tikkun ha-olam</em> — “por el bien de la reparación o el orden del mundo”—, y atraviesa toda la tradición judía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <em>Aleinu</em>, la plegaria con la que concluye cada servicio judío, expresa esta esperanza con las palabras:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>L’takken olam b’malkhut Shaddai</em><br>“reparar el mundo bajo la soberanía del Todopoderoso”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No somos espectadores. Somos colaboradores.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El límite del esfuerzo humano</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, hay un límite que ningún ser humano puede saldar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda ofensa que cometemos, toda persona que lastimamos, es en última instancia una ofensa a Dios. Por eso el pecado no es solo un error humano: introduce una ruptura real en nuestra relación con Él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa ruptura no puede ser sanada únicamente por nuestras propias fuerzas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por más obras de justicia y amor que hagamos (<em>tzedaká</em>), el mundo no termina de repararse.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La esperanza anunciada por los profetas</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Así lo fueron anunciando los profetas. Ezequiel, Jeremías, Isaías, Amós. Ellos enseñaron que la conversión del corazón humano es necesaria, pero también anunciaron algo más profundo: que Dios mismo intervendría para restaurar la alianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablaron de un tiempo en que Dios transformaría el corazón humano, derramaría su Espíritu y restauraría la justicia en la tierra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un tiempo en que la creación misma sería reconciliada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Isaías lo describe con imágenes de una paz que alcanza incluso a la naturaleza:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“<em>No harán daño ni destruirán en todo mi monte santo,<br>porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor<br>como las aguas cubren el mar.”</em><br>(Isaías 11,9)</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los profetas anuncian así una gran esperanza: un mundo restaurado bajo el reinado de Dios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma esperanza que resuena en el <em>Aleinu</em> cuando se pide reparar el mundo bajo su soberanía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero queda una pregunta abierta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuándo?<br>¿Cómo?<br>¿De qué manera entraría Dios en la historia para realizar esa restauración?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Dios entra en la historia</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta llegó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegó de una manera que nadie esperaba. en el silencio de una noche, en la familia menos pensada, en la ciudad menos considerada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios eligió entrar en la historia haciéndose uno de nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Asumió la condición humana. La habitó desde dentro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>Emmanuel</strong>, “Dios con nosotros”. anunciado por Isaías no era solo un símbolo de consuelo. Era el anuncio de algo real: Dios mismo entrando en la historia humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí se abre la gran bisagra de la historia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El Tikkun Olam definitivo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En Jesús, Dios no solo enseña cómo reparar el mundo.<br>Él mismo comienza la reparación desde dentro de la creación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la encarnación, Dios entra en el mundo herido.<br>En la cruz, carga con la ruptura del pecado.<br>Y en la resurrección inaugura algo nuevo: la nueva creación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia que comenzó en un jardín marcado por la desobediencia encuentra su punto de inflexión en otro jardín — el del sepulcro vacío, donde comienza la vida nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que ningún ser humano podía reparar por sí mismo, Dios lo comenzó a restaurar desde dentro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es, en el sentido más profundo, el <strong>Tikkun Olam definitivo</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No una reparación parcial, ni solo moral, ni solo social.<br>Una restauración radical de la relación entre Dios y la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una restauración que comienza en Cristo y que todavía se despliega en la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el mundo aún espera su plenitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la obra ya ha comenzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cada acto de amor, cada obra de justicia, cada gesto de fidelidad a Dios participa, humildemente, en esa gran reparación que Dios mismo ha iniciado en Cristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Tikkun Olam, finalmente, no es solo una tarea del ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es ante todo la obra de Dios.<br>Y nosotros somos invitados a participar en ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Judaísmo y Catolicismo: un mismo camino con diferentes paisajes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Sep 2017 00:32:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Judioscatolicos]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamientos Visibles]]></category>
		<category><![CDATA[Judaísmo]]></category>
		<category><![CDATA[judío que cree en Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[judio y ateo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El judaísmo es mucho más que una religión. Es la pertenencia a un pueblo, a años de historia. De generaciones que lucharon por mantenerlo vivo a través de las circunstancias más extremas. Uno no es judío por creencia sino por pertenencia. No se requiere fe para ser judío, sino haber nacido en una familia judía. En el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El judaísmo es mucho más que una religión. Es la pertenencia a un pueblo, a años de historia. De generaciones que lucharon por mantenerlo vivo a través de las circunstancias más extremas.</p>
<p><strong>Uno no es judío por creencia sino por pertenencia.</strong> No se requiere fe para ser judío, sino haber nacido en una familia judía.</p>
<p>En el judaísmo hay una amplia variedad de creencias y «religiosidad». Hay desde personas muy creyentes y observantes de la Toráh, hasta los que que no creen en nada, ni en la existencia Dios. Sin embargo ninguno deja de sentirse judío ni de celebrar las festividades más importantes del judaísmo como Pesaj (pascua judía), Iom Kipur (el día del perdón) y Rosh Hashaná (año nuevo judío).</p>
<p>Judíos ateos hasta van a la sinagoga en esas festividades y a veces se los ve recitando salmos o canciones en hebreo como parte de la tradición (aunque esos cantos sean alabanzas a Dios).</p>
<p><strong>Ser judío es un sentimiento muy fuerte</strong>. Desde que somos chicos se nos cuenta la historia del pueblo de Israel y todo lo que éste fue atravesando. Desde las pruebas impensables de las que tuvo que atravesar Abraham, hasta las torturas más grandes de Auschwitz . Y todas estas historias quedan impresas en nuestra piel y en nuestro interior de forma indeleble.</p>
<p>Encontrarse con otro judío que está del otro lado del mundo, en un país diferente al de uno, es como encontrarse de<br />
algún modo con un familiar lejano. Hay algo que nos une, nos identifica. Costumbres, comidas y hasta la disposición o<br />
decoración de los hogares. Me hace sentir como en mi casa.</p>
<p>Todo esto tan particular puede ser un <strong>gran obstáculo para un judío que descubre y cree en Jesús</strong>, a la hora de poner en práctica sus creencias interiores.</p>
<p>Por un lado está ese fuego interior que no tiene vuelta atrás. Este descubrimiento que suscita un cambio impensable<br />
interior en el corazón, en la mente entera. Las ideas, las elecciones, los valores, todo comienza a girar en función de esto, de esta <em>Persona</em>, de este Dios revelado.</p>
<p><strong>Y por el otro lado, el judío siente temor de perder esta pertenencia que hace a su propia identidad.</strong><br />
En mi caso fue así, tan fuerte que me tiraba en contra de ese imán tan poderoso de Dios, de Jesús, de la eucaristía. Nunca tan fuerte como para impedir que haga este cambio, pero sí para dificultar su andar.</p>
<p>Pasaron varios años hasta que me di cuenta que<strong> podía integrar perfectamente ambas cosas</strong> y aun hoy sigo re-acomodando esta identidad que llevo de generación en generación, con mis nuevas realidades.</p>
<p>Muchas veces pasa algo similar en los matrimonios. Las dos personas que lo constituyen vienen con diferentes costumbres de sus casas y se van poniendo de acuerdo en cosas a dejar atrás y otras a incorporar. A veces pacíficamente y otras veces no tanto.</p>
<p>Con este proceso me pasa lo mismo. Hay cosas que son más sencillas y otras más complejas de incorporar, de hacerlas propias. Pero de a poco voy integrando estas dos cosas: Que si bien <strong>espiritualmente son una sola, una perfecta continuidad, <a href="https://judiaycatolica.com/completud/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>completud</em></a>,</strong> los elementos invisibles llevan consigo tradiciones visibles, tangibles, que son las que tengo que ir acomodando. Es un desafío, es un nuevo camino para mí y para mi familia. Eso si, apasionante, jamás aburrido.</p>
<p>Espero con estos artículos, con este <strong><a href="https://judiaycatolica.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">blog sobre ser judío y católico al mismo tiempo</a></strong>, poder ayudar a otras personas que estén transitando este camino a <strong>poder ver que muchas veces parecen dos caminos diferentes, pero que en realidad es <span style="text-decoration: underline;">un mismo camino con diferentes </span></strong><span style="text-decoration: underline;"><strong>paisajes.</strong></span></p>
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		<title>Examen interior, Judaísmo y bienaventuranzas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Feb 2017 23:39:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pensamientos Visibles]]></category>
		<category><![CDATA[Recursos]]></category>
		<category><![CDATA[bienaventuranzas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Todos los días nos miramos al espejo. Algunas personas varias veces al día. Cuántas veces miramos hacia nuestro interior y evaluamos cómo nos vemos? Cada cuánto evaluamos nuestra parte invisible hacia los demás y hasta a veces invisible para nosotros mismos? Hace un tiempo escuché una propuesta sobre hacer un examen de conciencia con la ayuda [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los días nos miramos al espejo. Algunas personas varias veces al día.</p>
<p>Cuántas veces miramos hacia nuestro interior y evaluamos cómo nos vemos?</p>
<p><strong>Cada cuánto evaluamos nuestra parte invisible hacia los demás y hasta a veces invisible para nosotros mismos?</strong></p>
<p>Hace un tiempo escuché una propuesta sobre hacer un examen de conciencia con la ayuda de las <strong>bienaventuranzas</strong> y llamó mi atención.</p>
<p>Ahora bien, para qué publicarlo acá? Qué tiene que ver esto con con mi judaísmo? Con lo Judeo-Católico?</p>
<p>Si bien no todo lo que vaya a publicar en este sitio o blog, tiene que tener una relación directa con el <strong>misterio del judaísmo y el catolicismo,</strong> en este caso hay una relación más estrecha de la que podría aparentar.</p>
<p><strong>En el judaísmo, en la etapa pre-mesiánica, fue necesario darnos leyes impresas en piedra</strong>, que eran tan duras como lo eran quizás nuestros corazones. Estas leyes siguen estando vigentes hoy y son las bases de nuestra libertad (de hecho fueron dadas al pueblo de Israel, como punto culminante de su liberación. Fueron el «moño» que terminaba de empaquetar el regalo de la libertad que Dios le dio a Su pueblo. A su «<em>hijo primogénito</em>«).</p>
<p>Y Jesús, que no viene a abolir «<em>ni una I ni una coma de la ley</em>«, sino que viene a cumplirla y a darle un sentido más profundo aun, sube nuevamente al monte y nos da las bienaventuranzas. Ya no impresas en piedra sino en su propio corazón.</p>
<p><strong>Las bienaventuranzas son ventanas hacia el interior de nuestro Mesías, que nos invitan a conocerlo y a imitarlo.</strong></p>
<p>Quien quiera seguirlo, puede<strong> conocer un poco más de su interior</strong> a través de ellas. Y seguir estas vías, estos trazos de ruta que son como faros en este camino que queremos y felizmente elegimos transitar.</p>
<p><strong>A continuación detallo un análisis propio sobre las bienaventuranzas y qué implican para mi hoy.</strong> Quizás más adelante adquieran otro significado según las experiencias que haya tenido o la situación que me toque transitar.</p>
<p><em><span style="text-decoration: underline;"><strong>«Felices los que tienen alma de pobres»:</strong></span></em> No es buscar la pobreza sino ser conscientes de que sólo en Él todo se puede. Y que todas las riquezas, tanto materiales como espirituales, familiares, talentos y otros, son un don.</p>
<p><em><strong>«<span style="text-decoration: underline;">Felices los pacientes</span>«</strong></em>:  en lo micro y en lo macro. Paciencia en Dios y con Dios. Sus planes no son siempre los mismos que los nuestros. Y hay momentos que la paciencia es el desafío más grande cuando atravesamos eso que no entendemos, eso que no podemos comprender  y nos preguntamos por qué nos está pasando a nosotros, por qué Dios lo permite?</p>
<p>Paciencia con las personas. La parte más obvia, lo familiar, los hijos, la pareja. Pero también paciencia con quienes no comprenden a Dios, no comprenden nuestros caminos, nuestras decisiones.</p>
<p>Paciencia con quienes hoy eligen otra cosa, diferentes a las que uno considera que son buenas o adecuadas.</p>
<p>Paciencia en escuchar lo que no nos interesa. En pasar tiempo con personas que no nos atraen.</p>
<p>Paciencia para entender que no todo se puede hacer ahora, y que cargarse de tareas, sean por obligación o por gusto, sólo nos genera ansiedad a insatisfacción con lo que tenemos para disfrutar ahora.</p>
<p>Paciencia con gestos de otros que no nos gustan, o tics, o sonidos que nos molestan. Uno da la vida por ciertas personas pero no tolera cosas tan simples en el día a día. <strong>Será más fácil morir por alguien que estar toda la vida a su servicio? Qué nos pide Dios? Dar la vida por nuestros amigos.</strong> No sólo estar dispuesto a morir, sino dar nuestra vida al servicio de quienes amamos. No sólo en situaciones extremas sino en cosas pequeñas. Hacer extraordinarias las cosas ordinarias</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em><strong>«Felices los que tienen hambre y sed de justicia»:</strong></em></span> Dios dice «felices lo que tienen hambre y sed de justicia» porque ve toda la película completa, fuera del tiempo. No sólo determinado momento.  Porque hay tantas injusticias y tantos mueren sin ver la justicia realizada.  Debemos tener la esperanza puesta y también con paciencia, en saber que nosotros no estamos viendo el panorama completo y lo que para nosotros puede ser el final, seguramente no lo es, hay más. Y  serán saciados&#8230;</p>
<p><em><span style="text-decoration: underline;"><strong>«Felices los afligidos»</strong></span><strong>:</strong></em> no buscar el problema o la tristeza, pero saber que esos momentos dificiles, cuando llegan, tenemos a alguien que nos acompaña en ese sufrimiento, nos consuela mientras lo atravesamos. Como a un padre le duele cuando un hijo sufre pero sabe que su hijo debe afrontar esa situacion por algún motivo y no debe resolvérselo.</p>
<p>También afligirse por quienes sufren. Ponerse en sus zapatos, en su mente, en su pasado, en sus esperanzas, sus lamentaciones, y tratar de entender su sufrimiento, no en forma superficial sino carnal, sentimental.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em><strong>«Felices los misericordiosos»</strong></em></span>: aumentarla, siempre. Sobre todo hacia los que uno no tiene tantas ganas.<br />
Perdonar como queremos ser perdonados, sin recordar esos malos actos. Sin sacarlos a relucir cada tanto. Sin resentimientos.<br />
Un ejercicio para poder aumentar el amor hacia los demás es intentar ver los hechos desde el punto de vista del otro, pero lo más completo posible. Desde su historia personal, su realidad hoy, sus bases de pensamiento, sus condiciones. Y además en ese contexto evaluar las buenas obras y actitudes de esa persona.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em><strong>«Felices los que tienen el corazón puro»</strong></em></span>: Limpio, libre de maldad. Honesto. «<em>Crea en mi, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu</em>» (Salmo 51). Un corazón limpio, nuevo, como dice Ezequiel. Siempre siendo purificado por Dios, no por nuestra fuerza de voluntad. Permitiendo que Dios obre en nosotros y logre lo que por nuestra cuenta no podemos hacer.<br />
Un corazón puro para poder ver a Dios, no sólo al morir, sino ahora. En su presencia en los sacramentos y en las personas. <strong>Cuanto más limpio está nuestro corazón, más aumenta nuestra percepción hacia lo invisible.</strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><em>«Felices los que trabajan por la paz»</em></span>:</strong> no sólo la paz en contraste con la guerra, que tan lejano a veces nos parece o fuera de nuestro alcance. (siempre rezar por eso igual). Pero aprovechar en todas las oportunidades de nuestra vida cotidiana, en nuestras relaciones y en las de otros, obrar por la paz. Ya sea evitando hablar de otros, decir o repetir chismes, o bien intentar decir algo bueno sobre otro cuando alguien lo está criticando. Intentar buscar que otras personas se amiguen entre sí.<br />
Este aspecto está tan relacionado con el modo en que usamos nuestra palabra, más de lo que podríamos pensar.       Herimos más con nuestras palabras que con nuestros actos. La forma en que hablamos hacia los demás, o las críticas mal hechas, sin amor. Hablamos sobre otros a sus espaldas, creamos realidades que quizás no son como parecen, y no damos derecho a defensa antes de formarnos opiniones sobre otros.<br />
Buscamos aliados en una pelea en lugar de buscar la paz directa con nuestro opositor?</p>
<p>Rendir cuentas hacia el otro no trae paz. Ni llevar cuentas sobre quién hizo qué y qué debe hacer el otro por lo tanto. Quizás sea bueno alguna vez hacer algo demás, aunque no sea lo más justo, aunque nuestro derecho diga que le tocaba al otro. Sobre todo en nuestra vida familiar, y sobre todo con nuestra pareja. En mi experiencia las veces que lo hice calladamente, me trajo más beneficios de los que creía, más paz y alegría que si el otro lo hubiera hecho.</p>
<p>Trabajar por la paz implica acción no sólo reacción. A veces estamos llamados a meternos en situaciones que preferimos evitar porque no son nuestras. Y no nos damos cuenta que por omisión estamos obrando mal y nos «lavamos las manos» por no comprometernos. Hay que tratar de estar atentos y pedirle a Dios que nos despierte y abra los ojos cuando debemos intervenir en situaciones que no son directamente nuestras y ayudar a llevar paz.</p>
<p>Esto tiene relación directa con la proxima bienaventuranza <strong>«</strong><em><strong><span style="text-decoration: underline;">Felices los que son perseguidos por practicar la justicia</span>«</strong></em>: aunque muchas veces no sea lo políticamente correcto.</p>
<p>El mundo de hoy está tan resentido con la Iglesia que perciben todo como un todo. Indefinido, homogéneo. No se distingue quién obró mal, cuándo, cómo ni por qué, sino que parece ser todo lo mismo y estar todo afectado. Y si bien es verdad que a un nivel sobrenatural está todo afectado, un hecho malo afecta a todo el cuerpo de la Iglesia, no significa que todo esté mal o corrompido. Pero lamentablemente muchos no lo ven de ese modo y condenan, insultan y persiguen a cualquiera que siga a Jesús.</p>
<p>En definitiva, sólo Dios puede darnos la fortaleza de no buscar la gloria de los hombres sino sólo la de Dios.  Siempre poniendo la mirada en su profundo amor. Y ser conscientes siempre y profundamente sobre quién es nuestro creador, padre y amigo y eso, nos hará imparables.</p>
<p>Esa es nuestra recompensa, no sólo en el cielo, sino aquí y ahora en la tierra.  En mi caso, descubrir que tengo semejante amigo tan cerca, a mi lado, me eleva, me completa, me fortalece, me impulsa y lleva por caminos desconocidos, sorprendentes. Caminos que si uno estuviese solo no se atrevería a transitar, pero con semejante compañía, cómo no hacerlo?</p>
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