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	<title>raíces judías del cristianismo archivos - Judia &amp; Catolica</title>
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	<description>Mi Camino Personal y Reflexiones sobre ser Judia y Católica, al mismo tiempo. E intentando hacer Visible algo de lo Invisible</description>
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		<title>Edith Stein: la búsqueda de la Verdad que nos conduce a Dios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Aug 2026 04:53:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hay personas que llegan a nuestra vida en el momento justo. No porque las conozcamos personalmente, sino porque su historia ilumina la nuestra. Eso fue lo que me ocurrió con Edith Stein. Habiendo nacido en una familia judía y educada toda mi vida en el judaísmo, de adulta comencé a creer en Jesús como el [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hay personas que llegan a nuestra vida en el momento justo. No porque las conozcamos personalmente, sino porque <strong>su historia ilumina la nuestra.</strong> Eso fue lo que me ocurrió con <strong>Edith Stein.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Habiendo nacido en una familia judía y educada toda mi vida en el judaísmo, de adulta comencé a creer en Jesús como el Mesías y a acercarme a la Iglesia Católica. En ese momento nació en mí el deseo de conocer la<strong> historia de otros judíos católicos</strong>. Personas que también hubieran recorrido ese camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo habían vivido ese encuentro con Cristo? ¿Qué había significado para ellos reconocer a Jesús sin dejar de amar su identidad judía? ¿Cómo habían atravesado el dolor, las preguntas o la incomprensión de quienes los rodeaban?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa búsqueda descubrí a Edith Stein.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No encontré solamente la historia de una filósofa brillante, de una carmelita o de una santa. Encontré a una mujer cuya vida giró alrededor de una pregunta que, de una manera u otra, todos nos hacemos: <strong>¿Qué es la verdad?</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading">Una búsqueda que comenzó mucho antes de la fe</h1>



<p class="wp-block-paragraph">Edith Stein nació en 1891, en Breslau, en el seno de una familia judía profundamente creyente. Su padre murió cuando ella era muy pequeña y su madre, Auguste, tuvo que sacar adelante sola a toda la familia y al negocio familiar. Fue una mujer fuerte, trabajadora y profundamente creyente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, durante su adolescencia, Edith dejó de rezar y llegó a definirse como atea. Pero nunca dejó de buscar. Su búsqueda tomó otro camino. Quería comprender la realidad. Quería conocer la verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa inquietud la llevó a estudiar filosofía y a convertirse en discípula de Edmund Husserl, uno de los filósofos más importantes del siglo XX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podría pensarse que su búsqueda era solamente intelectual. Pero la vida iba a demostrarle que <strong>la verdad también puede hacerse visible en el modo en que una persona vive.</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading">Cuando una vida habla más que muchos argumentos</h1>



<p class="wp-block-paragraph">En 1917 murió Adolf Reinach, amigo de Edith y también discípulo de Husserl. Ella fue a visitar a su esposa, Anna Reinach. Esperaba encontrar a una mujer completamente deshecha por el dolor, después de todo, acababa de perder al hombre con quien había elegido para compartir su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero encontró algo completamente distinto. Anna sufría. No había desaparecido el dolor. Sin embargo, había en ella una paz que Edith no podía explicar.<strong> Era una paz que no negaba el sufrimiento, sino que lo sostenía.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquel encuentro dejó una huella profunda en su corazón. Por primera vez comprendió que la fe cristiana no era simplemente una doctrina. Era una vida transformada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas veces creemos que las personas llegan a Dios por un argumento brillante. Sin embargo, con frecuencia Dios comienza hablándonos a través del testimonio silencioso de alguien cuya vida refleja una paz que el mundo no puede dar.</p>



<h1 class="wp-block-heading">«Esta es la verdad»</h1>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos años después, mientras visitaba la casa de unos amigos, Edith tomó un libro de la biblioteca. Era la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. Comenzó a leer. Y leyó durante toda la noche.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al terminar, pronunció una frase que atravesó toda su vida: <strong>«Esta es la verdad.»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada vez que leo esas palabras me pregunto qué habrá visto Edith en aquellas páginas. No creo que haya sido solamente la belleza de un libro, ni siquiera una explicación especialmente brillante sobre Dios. Creo que reconoció algo mucho más profundo: después de años buscando la verdad con toda la fuerza de su inteligencia, encontró a una mujer que hablaba desde una <strong>experiencia real de Dios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y comprendió que la verdad no era una idea. Tenía un rostro. Porque Jesús no dijo: «Yo enseño la verdad». Dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.» (Jn 14,6)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la búsqueda de Edith comenzaba a iluminarse desde un encuentro.</p>



<h1 class="wp-block-heading">¿Qué buscamos cuando buscamos la verdad?</h1>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase de Edith Stein que resume hermosamente toda su experiencia: «Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante mucho tiempo pensé en esa afirmación, y cada vez me convence más. Porque, si somos sinceros, todos buscamos algo. Buscamos respuestas, buscamos sentido, buscamos belleza, buscamos amor, buscamos felicidad. Pero quizás, debajo de todas esas búsquedas, exista una sola: la búsqueda de aquello para lo cual fuimos hechos, de un sentido último que le dé forma a todo lo demás.<strong> Y creo que ese sentido solo se revela plenamente en el encuentro con Dios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Edith hablaba de esto también en términos filosóficos. Decía que el alma humana no se satisface con lo finito, que tiene una capacidad que excede cualquier objeto creado. A eso lo llamaba la <strong>orientación hacia el infinito</strong>: esa disposición del alma que le permite abrirse al ser, buscar su fundamento y, finalmente, acoger al Ser Eterno, a Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">C. S. Lewis expresa esta misma intuición con una frase que me encanta: <strong><em>«Si encuentro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo.</em></strong>«</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho antes que Lewis, San Agustín había llegado a la misma certeza después de su propia búsqueda: <strong><em>«Nos hiciste, Señor, para Ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti»</em></strong> (Confesiones).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que esa inquietud no es un vacío. Es Dios llamándonos desde el fondo de nuestra alma. A veces respondemos enseguida. Otras veces tardamos años. Y otras, como le ocurrió a Edith, ese llamado pasa primero por las preguntas, por la inteligencia y por el deseo incansable de encontrar aquello que realmente es verdadero.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuando la Verdad nos encuentra</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas veces hablamos de la conversión como si fuera únicamente una decisión humana, como si una persona, después de pensar mucho, decidiera cambiar de religión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero con Edith Stein ocurrió algo mucho más profundo. Ella buscó la verdad durante años. Y un día descubrió que esa Verdad la estaba esperando. Que no era simplemente una idea. Era Cristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando uno se encuentra con Cristo, no solamente encuentra respuestas. Se encuentra también con el Amor. Y <strong>ese encuentro transforma. </strong>No porque alguien venga desde afuera a imponer un cambio, sino<strong> porque el amor verdadero siempre nos transforma desde dentro.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando descubrimos que Dios es real, que nos ama y que nos ha estado buscando desde siempre, algo comienza a ordenarse en nuestro interior. No dejamos de ser quienes somos. Al contrario: empezamos a descubrir quiénes fuimos creados para ser. Encontramos nuestra verdadera identidad. Comprendemos nuestra historia desde una luz nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que eso fue lo que vivió Edith Stein, <a href="https://judiaycatolica.com/video-del-judaismo-al-catolicismo-mi-historia/">también lo fue para mí.</a>  Y creo que esa es también la experiencia de todo cristiano. No es que encontremos simplemente una doctrina más verdadera que las demás. Encontramos a Cristo. Y en Él descubrimos también quiénes somos nosotros.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una búsqueda que continúa</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cada vez que vuelvo a leer la historia de Edith Stein recuerdo el motivo por el que llegué hasta ella. Buscaba conocer la historia de otra judía que hubiera encontrado a Cristo. Pero terminé encontrando mucho más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Encontré a una judía católica que no perdió sus raíces judías al encontrar a Cristo. Al contrario: las redescubrió. Comprendió que ese Cristo por quien se sentía atraída era, Él mismo, hijo de Israel, y que en Él su identidad judía no se borraba, sino que se cumplía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Descubrí que la búsqueda sincera de la verdad nunca es inútil. Porque Dios no teme nuestras preguntas. Él mismo las ha sembrado muchas veces en nuestro corazón para atraerlo hacia Él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso hoy, cuando vuelvo a leer aquella frase de Edith Stein, casi siento que puede leerse también al revés. Ella escribió: «Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios.» Y yo añadiría: quien busca sinceramente la verdad termina descubriendo que, mucho antes de empezar a buscar, era Dios quien ya lo estaba buscando a él.</p>
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		<title>Si Jesús no vino a abolir la Ley y los Profetas, ¿deben los cristianos practicar el judaísmo?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 21:13:50 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Como judía y católica, muchas veces me preguntan: si Jesús dijo: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mateo 5,17), ¿por qué los cristianos no practican la circuncisión, no siguen las leyes alimentarias y no observan el sábado del mismo modo [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Como judía y católica, muchas veces me preguntan: si Jesús dijo: <strong><em>“No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”</em></strong> (Mateo 5,17), ¿por qué los cristianos no practican la circuncisión, no siguen las leyes alimentarias y no observan el sábado del mismo modo que el judaísmo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para responder esta pregunta, primero es necesario comprender qué quiso decir Jesús con la expresión “dar cumplimiento”. No se trata de pensar que una parte de la revelación sustituye a otra, ni de reducir la Ley a un conjunto de preceptos que simplemente dejaron de tener vigencia. Se trata de descubrir cómo cada mandato, cada signo y cada práctica ocupa un lugar dentro de una misma historia de salvación que alcanza en Cristo su plenitud. Sólo desde allí puede comprenderse por qué algunas prácticas permanecen, otras adquieren una forma nueva y otras conservan una misión particular en la vida del pueblo de Israel.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué significa realmente «dar cumplimiento» a la Ley?</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Cumplir no significa simplemente obedecer una norma. Significa llevar algo hasta su meta, hacer que alcance el objetivo para el cual fue dado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Podemos pensarlo mediante la imagen de una semilla.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la semilla se convierte en árbol, deja de existir como semilla, pero esto no significa que fue destruida, sino que alcanzó su plenitud. El árbol no contradice la semilla. Es el desarrollo de aquello que ya estaba contenido en ella y hacia lo cual se dirigía desde el comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo similar sucede con muchas disposiciones de la Torá. Fueron dadas para acompañar una etapa concreta de la historia de la salvación, formar a Israel como pueblo santo, custodiar su identidad y preparar la llegada del Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el Mesías llega, algunas de esas disposiciones alcanzan el objetivo para el cual habían sido entregadas y, por eso, ya no se practican del mismo modo.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué Dios pidió a Israel mantenerse separado de los demás pueblos?</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender muchas normas de la Torá hace falta conocer primero por qué Israel debía mantenerse separado de las naciones y por qué esa separación debía mantenerse hasta la llegada del Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios eligió a un pueblo concreto, hizo alianza con él y le confió una promesa destinada a alcanzar a toda la humanidad. De Israel vendrían la Torá, los profetas, el culto del Templo, las promesas y, finalmente, el Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Mesías no aparecería separado de toda historia y de todo pueblo. Debía nacer dentro de Israel, de la descendencia de Abraham y de la casa de David. Por eso <strong>era necesario que Israel conservara su identidad y transmitiera su fe, sus enseñanzas y su modo de vida de generación en generación.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblia muestra en varias ocasiones que Israel podía verse atraído por los dioses y las prácticas religiosas de los pueblos vecinos. Los matrimonios con otras naciones podían favorecer además la entrada de esos cultos en la vida del pueblo y debilitar su fidelidad a la alianza, a la Ley y a la esperanza transmitida por los profetas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las leyes de santidad, las normas alimentarias, la circuncisión y el sábado ayudaban a marcar una separación entre Israel y las demás naciones. Junto con muchas disposiciones relacionadas con la pureza, tenían una misma finalidad: proteger la misión de Israel y preservar la fe en el Dios único.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su elección nunca tuvo como finalidad encerrarlo en sí mismo, sino que por medio de él viniera el Mesías. Desde el principio, su misión estaba orientada hacia todas las naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios le dice a Abraham:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”.</em><br>Génesis 12,3</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Y por medio del profeta Isaías anuncia:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Yo te destino a ser la luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra”.</em><br>Isaías 49,6</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel fue separado de las naciones para custodiar una promesa que finalmente debía llegar a todas ellas</strong>. La separación protegía una misión universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de un pueblo concreto era el camino elegido por Dios para ofrecer su salvación a todos los pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la llegada de Cristo, Israel cumple su misión de dar al mundo al Mesías. Pero ese cumplimiento no borra la elección, la historia ni la identidad del pueblo judío. El nacimiento de la Iglesia no significa que Dios lo haya rechazado o sustituido: la Iglesia nace dentro de Israel y recibe de él las Escrituras, las promesas y al mismo Mesías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso san Pablo puede afirmar que «los dones y el llamado de Dios son irrevocables» (Romanos 11,29). Israel sigue teniendo un lugar propio dentro del plan de Dios, un misterio que el mismo Pablo contempla con esperanza cuando anuncia su plenitud futura: «todo Israel será salvado» (Romanos 11,26).</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Leyes morales, ceremoniales y civiles: no todas tenían la misma función</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, la tradición cristiana fue leyendo dentro de la Torá tres tipos de disposiciones, según su función. Algunas expresan exigencias morales, como no matar, no robar, no cometer adulterio y honrar a los padres. Otras regulan el culto, la circuncisión, la pureza ritual, la alimentación y los signos que distinguían a Israel de las demás naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También encontramos normas destinadas a ordenar la vida civil y jurídica del antiguo Israel, relacionadas con las propiedades, las deudas, las indemnizaciones, las penas y las herencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No todas estas leyes tenían la misma finalidad ni debían aplicarse del mismo modo en todos los momentos de la historia de la salvación.</p>



<h1 class="wp-block-heading has-text-align-left"><strong>Los mandamientos morales: una exigencia que permanece y se profundiza</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Los mandamientos morales expresan la voluntad de Dios respecto del bien, la justicia y la relación con los demás. Estos mandamientos no desaparecen con la llegada de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Sermón de la Montaña, Jesús muestra toda su profundidad. No basta con evitar el homicidio. También es necesario enfrentar el odio y buscar la reconciliación. No basta con evitar el adulterio. También hay que cuidar los deseos y las intenciones del corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús está recordando y enfatizando lo que Dios ya había dicho por medio de Moisés y de los profetas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“El Señor, tu Dios, circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma</em>”.<br>Deuteronomio 30,6</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Los profetas también denunciaron constantemente el culto separado de la justicia, la fidelidad y la conversión. Dios dice por medio del profeta Oseas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”.</em><br>Oseas 6,6</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús retoma y profundiza una enseñanza que ya estaba presente en la Ley y los Profetas: Dios no busca sólo una obediencia exterior, sino un corazón verdaderamente vuelto hacia Él.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Leyes ceremoniales: prepararlas para la llegada del Mesías</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">La circuncisión, las leyes alimentarias, las normas de pureza ritual y muchas prescripciones cultuales tenían una misión concreta dentro de la alianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Formaban a Israel como un pueblo consagrado, ordenaban el culto, enseñaban la diferencia entre lo santo y lo profano, preservaban su identidad frente a las prácticas religiosas de las naciones y, en muchos casos, preparaban mediante signos las realidades que alcanzarían su cumplimiento con el Mesías.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la llegada de Cristo se cumple la misión para la cual Israel había sido separado y preparado: de este pueblo nace el Mesías destinado a todas las naciones. Por eso, algunas de estas disposiciones dejan de ser necesarias porque ya habían cumplido su función dentro de la historia de la salvación.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Normas de convivencia y justicia para un tiempo concreto</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Otras disposiciones regulaban la vida social, económica, penal y jurídica de Israel como pueblo organizado en una tierra y dentro de un contexto histórico determinado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trataban asuntos como la propiedad, las deudas, las reparaciones, las penas, las herencias y la protección de las personas más vulnerables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas normas no fueron entregadas como un código jurídico que todas las sociedades futuras debían aplicar literalmente. Sus principios de justicia siguen siendo valiosos, pero su aplicación concreta pertenecía a la organización política de Israel dentro de un contexto histórico, social y cultural determinado.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Los sacrificios</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos, Israel ofreció sacrificios en el Templo. Estos eran actos de culto establecidos por Dios y tenían distintos sentidos: expresaban la comunión con Él, la acción de gracias, la expiación por los pecados, la consagración y la alabanza. Al mismo tiempo, preparaban y anunciaban el sacrificio definitivo de Cristo, como explica la Carta a los Hebreos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando Jesús ofrece su vida en la cruz, el sacrificio es llevado a su plenitud y alcanza su cumplimiento</strong>. El cristianismo reconoce en Cristo al verdadero Cordero y el sacrificio perfecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces, ese único sacrificio se hace presente sacramentalmente en la celebración de la Eucaristía. La Misa no es un sacrificio diferente del de la cruz, sino el mismo sacrificio de Cristo hecho presente sacramentalmente. En el artículo <strong>“<a href="https://judiaycatolica.com/el-dia-del-perdon-como-signo-de-la-cruz/">El Día del Perdón como signo de la cruz</a>”</strong> desarrollo con mayor profundidad este tema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El culto de Israel permite comprender la cruz, y la cruz revela la plenitud hacia la cual se dirigían sus sacrificios y sus ritos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante recordar que el judaísmo actual no ofrece los sacrificios ordenados por la Torá, porque desde la destrucción del Templo de Jerusalén no existe el lugar establecido para realizarlos.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>La circuncisión</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">La circuncisión era la señal de la alianza realizada por Dios con Abraham y marcaba corporalmente la pertenencia al pueblo que llevaba la promesa. San Pablo enseña que, en Cristo, esta incorporación se realiza mediante una circuncisión espiritual, no hecha por manos humanas, que relaciona directamente con el Bautismo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“En él también fueron circuncidados con una circuncisión no hecha por manos humanas [&#8230;] sepultados con él en el Bautismo”.</em><br>Colosenses 2,11-12</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La promesa permanece, pero el signo alcanza una dimensión nueva porque la alianza se abre a todas las naciones.</strong> Esto no significa que la circuncisión deje de tener valor dentro de la identidad judía. Significa que ya no se exige a los gentiles como condición para pertenecer al pueblo del Mesías, una cuestión que fue debatida profundamente por los apóstoles y que quedó resuelta en el Concilio de Jerusalén.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Las leyes alimentarias</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué un cristiano puede comer de todo, mientras que para un judío observante la mesa continúa estando regida por las leyes de kashrut?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las leyes alimentarias ayudaban a organizar la vida cotidiana de Israel según las categorías de pureza y santidad. También contribuían a mantener la separación respecto de los demás pueblos, porque compartir la mesa era una de las formas más concretas de comunión social y religiosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles se relata que Pedro recibe la visión de un lienzo que contiene animales puros e impuros. Al principio, la escena parece referirse únicamente a las leyes alimentarias, pero el mismo relato muestra que su sentido es mucho más amplio. Dios está preparando a Pedro para entrar en la casa del centurión Cornelio, un gentil, y anunciarle el Evangelio.  Pedro comprende entonces que ya no debe considerar impura a ninguna persona y que los gentiles pueden ser incorporados a la comunidad de los creyentes en Jesús sin tener que pasar primero por el judaísmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mismo Pedro explica:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Dios me ha mostrado que no debo llamar profano o impuro a ningún hombre”.</em><br>Hechos 10,28</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La visión utiliza el lenguaje de los alimentos puros e impuros para revelar una transformación mucho más amplia: las barreras que impedían la plena comunión entre judíos y gentiles estaban comenzando a caer. Esta apertura sería confirmada después por los apóstoles en el Concilio de Jerusalén.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, los gentiles incorporados a Cristo no quedaron obligados a asumir las leyes alimentarias dadas a Israel como condición para formar parte del pueblo del Mesías. Los cristianos pueden compartir la mesa sin regirse por las normas de kashrut, porque su incorporación a la alianza se realiza mediante Cristo y el Bautismo, no mediante la adopción de todas las disposiciones que distinguían a Israel de las demás naciones.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>¿Shabat o domingo?</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las preguntas más frecuentes al abordar esta continuidad es la observancia del Sábado (Shabat). En la Torá, el Sábado fue dado a Israel como signo de la creación, memoria de la liberación de Egipto y descanso consagrado al Creador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús no abolió el Sábado, sino que reveló su sentido más profundo al declararse «Señor del Sábado» y recordar que el día de descanso fue hecho para el bien del hombre y no el hombre para el Sábado (Mc 2,27-28).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para los primeros cristianos, en su mayoría judíos, la resurrección de Jesús el primer día de la semana marcó el inicio de la nueva creación. Así como la circuncisión del cuerpo encontró su plenitud espiritual en el Bautismo (Col 2,11-12), el reposo sabático alcanzó su meta en la resurrección de Cristo. Por esta razón, la Iglesia comenzó a reunirse en el «Día del Señor» (Domingo) para celebrar la Eucaristía, no para despreciar el Sábado, sino para celebrar la plenitud hacia la cual el descanso sabático siempre estuvo orientado.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Las fiestas judías</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Las fiestas de Israel también preparan y permiten comprender los acontecimientos de la vida de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://judiaycatolica.com/la-pascua-judia-y-la-ultima-cena-dos-mesas-una-historia/">La  Pascua recuerda la liberación de Egipto y la sangre del cordero.</a> En ese marco, Jesús entrega su vida y se revela como el Cordero que trae una liberación más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://judiaycatolica.com/que-pentecostes-celebraban-los-apostoles/">Shavuot recuerda la alianza y el don de la Torá. En Pentecostés,</a> el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos y comienza la misión hacia las naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sucot celebra la presencia y la protección de Dios durante el camino por el desierto, y contiene además una profunda esperanza acerca del día en que las naciones acudirán a adorar al Señor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la llegada de Jesús, estas fiestas no pierden su significado, sino que los acontecimientos que anunciaban alcanzan su cumplimiento. Por eso los cristianos no están obligados a celebrarlas del mismo modo en que fueron dadas a Israel. La Iglesia las recibe a la luz de Cristo y celebra su cumplimiento dentro de su propia liturgia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Pascua de Israel alcanza su plenitud en la muerte y resurrección de Jesús y se celebra en la Pascua cristiana y en la Eucaristía. Shavuot encuentra una nueva expresión en Pentecostés, con el don del Espíritu Santo. Otras fiestas no fueron incorporadas del mismo modo al calendario litúrgico cristiano, aunque siguen siendo fundamentales para comprender la identidad y la misión de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las fiestas bíblicas forman parte del mundo religioso y espiritual de Jesús. Constituyen el lenguaje bíblico mediante el cual podemos comprender quién es y qué vino a realizar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cristianismo no puede comprender plenamente su propia liturgia sin conocer las fiestas de Israel,</strong> porque los acontecimientos centrales de la vida de Jesús suceden dentro de ese calendario y se expresan mediante sus símbolos.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>Los primeros cristianos también tuvieron que responder esta pregunta</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta acerca del cumplimiento de la Ley apareció ya en la primera generación cristiana. Cuando comenzaron a incorporarse gentiles, algunos sostenían que debían circuncidarse y observar la Ley de Moisés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles relata esta discusión, conocida como el primer <strong>Concilio de Jerusalén.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de discernir y buscar juntos la voluntad de Dios, los apóstoles concluyeron que los gentiles no debían hacerse judíos para pertenecer al pueblo del Mesías, sino que podían ser incorporados directamente a Cristo mediante el Bautismo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no significó, sin embargo, que quedara todo sin ningún marco. Los apóstoles pidieron a los gentiles conversos observar algunas condiciones mínimas: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de animales ahogados y de la inmoralidad sexual (Hechos 15,20.29). No se trataba de imponerles la Torá completa, sino de asegurar una base común de santidad que hiciera posible la comunión de vida entre judíos y gentiles dentro de una misma comunidad de fe.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>La Ley y los Profetas alcanzan su cumplimiento</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Jesús afirma que vino a dar cumplimiento a la Ley y los Profetas, no está hablando solamente de qué mandamientos continúan practicándose y cuáles no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está afirmando que toda la historia de Israel encuentra en Él su sentido y su meta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las promesas hechas a Abraham, la liberación de Egipto, la alianza, el sacerdocio, el Templo, los sacrificios, las fiestas, la esperanza de los profetas, la promesa de un descendiente de David, la expectativa de una nueva alianza y la reunión de las naciones forman parte de una misma historia que alcanza en Jesús un momento decisivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, para el cristianismo, cumplir la Ley y los Profetas no significa mantener cada práctica exactamente de la misma manera. Significa reconocer en Cristo la realidad hacia la cual se dirigían las Escrituras de Israel.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>“Cosas nuevas y cosas antiguas”</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús ofrece una imagen muy hermosa para comprender esta relación:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“<em>Todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.</em><br>Mateo 13,52</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El discípulo del Reino no vacía el tesoro antiguo. Saca de él cosas antiguas y nuevas, porque <strong>ambas se iluminan mutuamente.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin Abraham no comprendemos la promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin el Éxodo no comprendemos la redención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin la Pascua no comprendemos la muerte y resurrección de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin los sacrificios no comprendemos al Cordero de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin el Templo no comprendemos plenamente la presencia de Dios entre los hombres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco comprendemos verdaderamente la novedad cristiana si la separamos de los acontecimientos que la prepararon.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso es tan importante <strong>conocer las raíces judías del cristianismo</strong>: sólo dentro de esa historia podemos conocer verdaderamente a Jesús, comprender su identidad y reconocer la profundidad de aquello que vino a realizar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero estas raíces no pertenecen únicamente al pasado, ni son solo una preparación histórica del cristianismo. El pueblo judío sigue vivo, su elección permanece y su historia conserva un lugar propio dentro del plan de Dios. Conocer el judaísmo, entonces, no es volver al origen de la fe cristiana, es acercarnos a una realidad que sigue vigente, y que sigue teniendo sentido hoy. Por eso el cristiano no mira al judaísmo como algo ajeno o superado, sino como la raíz de la que sigue viviendo, la misma raíz cuya elección, como dice Pablo, permanece irrevocable, sostenida por la fidelidad de Dios.</p>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>La plenitud que no destruye, sino que revela</strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Preguntarnos si los cristianos deben practicar el judaísmo equivale a preguntarnos si el árbol debe volver a ser semilla. La fe cristiana no nace de la ruptura o el desprecio de la Ley y los Profetas, sino del reconocimiento de que en Jesús de Nazaret todas las promesas hechas a Israel han alcanzado su cumplimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las normas ceremoniales, los sacrificios del Templo y los signos de separación cumplieron fielmente su misión pedagógica y preparatoria en la historia de la salvación. Las exigencias morales de la Torá permanecen y se profundizan en el mandamiento del amor. Y la elección de Israel sigue firme e irrevocable en el corazón de Dios, revelando que el plan divino es de una perfecta continuidad, fidelidad y misericordia para toda la humanidad.</p>
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		<title>¿Los judíos deben convertirse?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 15:18:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pensamientos Visibles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Deben convertirse los judíos al catolicismo? Es una pregunta incómoda. Y siempre lo fue. Después de tantos siglos de heridas, persecuciones y malos entendidos, hablar de este tema no es fácil. A mí, cuando vivía mi fe únicamente desde el judaísmo (antes de abrazar también la fe católica), no me gustaba escuchar que alguien dijera [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">¿Deben convertirse los judíos al catolicismo? Es una pregunta incómoda. Y siempre lo fue.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de tantos siglos de heridas, persecuciones y malos entendidos, hablar de este tema no es fácil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mí, cuando vivía mi fe únicamente desde el judaísmo (antes de abrazar también la fe católica), no me gustaba escuchar que alguien dijera que rezaba por mi conversión. El judío ama profundamente su religión, sus tradiciones y su identidad. Y, aunque detrás de esas palabras pueda haber una buena intención, no deja de sentirse como si alguien quisiera quitarle algo muy valioso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero para mí la pregunta esencial, la que lo cambia todo, es esta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Es Jesús el Mesías prometido a Israel?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, en realidad, respondiendo eso se responde todo. Si Jesús no es el Mesías, ningún judío debería seguirlo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero <strong>si Jesús es el Mesías esperado por el pueblo de Israel,</strong> entonces un judío que lo reconoce no abandona el judaísmo, sino que continúa el camino de la promesa en su etapa mesiánica. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es, justamente, lo que hicieron los primeros discípulos. Eran judíos. Los apóstoles eran judíos. San Pablo era judío. No sintieron que estuvieran traicionando a su pueblo, sino <strong>descubriendo que Dios había cumplido aquello que había prometido desde Abraham y los profetas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me gusta decir que <strong>un judío que abraza la fe católica no deja de ser judío.</strong> Comprende su judaísmo desde una profundidad nueva. Descubre que la promesa y su cumplimiento forman una única historia, plena completa.</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Qué pasa con quienes no llegaron a reconocerlo?</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La Iglesia enseña algo que muchas veces se cita sin contexto: <strong><em>«Fuera de la Iglesia no hay salvación».</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos esta frase generó muchas discusiones y, a veces, se interpretó de una manera demasiado simple, como si significara que Dios hubiera cerrado las puertas de su misericordia a todos los que no pertenecen visiblemente a la Iglesia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el Catecismo explica que esta afirmación debe entenderse de un modo positivo. Toda salvación viene de Cristo y de la Iglesia:   Jesús mismo dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.»</em> (Jn 14,6)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la misma Iglesia reconoce que <strong>no podemos poner límites a la acción de Dios en el corazón humano.</strong> Por eso enseña, y vale la pena leerlo con atención:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Los que, sin culpa propia, desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con corazón sincero y se esfuerzan por cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.»</em> (CIC 847)</p>



<h3 class="wp-block-heading">El peso de dos mil años de heridas</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Y pienso que, en el caso del pueblo judío, y quizás de otras personas con otras historias, existe una realidad todavía más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Muchas veces no se trata simplemente de desconocer a Jesús.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay casi dos mil años de heridas, persecuciones, expulsiones, acusaciones injustas y violencias cometidas por <strong>hombres que utilizaron el nombre de Cristo para hacer exactamente lo contrario de lo que Él enseñó.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso fue construyendo una<strong> imagen distorsionada de Jesús y abriendo un abismo entre el judaísmo y el cristianismo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese abismo no lo creó Jesús. Pero está ahí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que Dios, que conoce el corazón de cada persona y la historia de cada pueblo, también conoce el peso de esas heridas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay personas que no rechazan a Jesús. Quizás rechazan la imagen de Jesús que recibieron. Y eso es algo que nosotros no podemos medir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La historia de Hermann Cohen</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una historia que, para mí, ilustra muy bien todo esto: la de un judío del siglo XIX llamado Hermann Cohen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su vida reúne, de alguna manera, las dos caras de esta reflexión. Por un lado, la de un judío que descubre en Jesús al Mesías prometido y comprende que abrazar el cristianismo no significa abandonar a Israel, sino encontrar el cumplimiento de la promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hermann era un brillante pianista, discípulo de Liszt. Después de una profunda experiencia espiritual con la eucaristía, abrazó la fe católica y terminó entregando toda su vida a Dios como monje carmelita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, al mismo tiempo, su vida muestra el misterio de aquellas personas que, por las circunstancias de su camino, de su herencia familiar o incluso del peso acumulado por su pueblo, no pueden dar ese mismo paso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su madre nunca pudo aceptar el camino que había tomado su hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hermann rezó durante años por ella. Deseaba que también pudiera reconocer al Mesías. Pero su madre murió sin que él viera cumplido ese deseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiempo después, Hermann recibió una carta contando un hecho extraordinario. Un sacerdote relataba que una religiosa había tenido una gracia especial relacionada con la muerte de su madre y había comprendido que, en el último instante de su vida, aquella mujer había recibido una luz de Dios y había respondido a ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabemos con certeza histórica todos los detalles de este relato. Pero sí nos deja una enseñanza muy profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La misericordia de Dios supera siempre nuestras categorías.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién puede conocer lo que sucede en el último diálogo entre un alma y su Creador?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién puede medir el peso de las heridas, de la historia, de los miedos o de las falsas imágenes que una persona recibió durante toda su vida?</p>



<h3 class="wp-block-heading">¿Entonces hay que rezar por la conversión de los judíos?</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La fe es un don. No se puede imponer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se puede anunciar, se puede compartir, se puede testimoniar. Pero, sobre todo, se puede <strong>demostrar con la propia vida.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué imagen de Dios transmitimos? ¿Qué imagen de Jesús mostramos a los demás? ¿Cómo nos cambia la vida creer en Él?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque muchas veces las personas no se acercan a una idea, sino a un <strong>testimonio</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se escucha mucho decir que hay que rezar por la conversión de los judíos para salvar su alma. Y sí, la salvación importa. Pero pienso que hay algo todavía más hermoso:<br><br>Por cómo transforma nuestro presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cómo ilumina nuestra historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cómo nos ayuda a atravesar todo lo que nos sucede.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conocer que Dios cumple sus promesas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Descubrir que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob no abandonó a su pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender que nos amó tanto que envió a su Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para que el mundo se salve por Él. (Jn 3,16-17)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, personalmente, pienso que no se trata de rezar por la conversión de los judíos, sino de rezar para que puedan descubrir que el Mesías prometido a Israel ya vino y es Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque estoy convencida de que un judío que encuentra a Jesús no pierde su identidad. Encuentra la plenitud de la promesa divina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ojalá todos pudieran conocer a Jesús no solamente por el destino eterno de su alma, sino por el tesoro que significa tenerlo en la propia vida. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Charla en Bs. As. La Pascua Judía y la última Cena</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 18:19:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En esta charla presencial en Buenos Aires profundizo en una de las conexiones más reveladoras entre el judaísmo y el cristianismo: la relación entre la Pascua judía y la Última Cena de Jesús. A simple vista pueden parecer dos momentos distintos. Dos tradiciones separadas. Pero cuando se las mira desde su raíz, aparece algo mucho [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">En esta charla presencial en Buenos Aires profundizo en una de las conexiones más reveladoras entre el judaísmo y el cristianismo: la relación entre la Pascua judía y la Última Cena de Jesús. A simple vista pueden parecer dos momentos distintos. Dos tradiciones separadas. Pero cuando se las mira desde su raíz, aparece algo mucho más profundo: una continuidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Pascua judía no es solo un recuerdo del pasado.</strong> <strong>Es la celebración viva de la liberación del pueblo de Israel</strong>, el paso de la esclavitud a la libertad, la fidelidad de Dios a su promesa. Y es justamente en ese contexto donde sucede<strong> la Última Cena.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Jesús no celebra cualquier comida. Celebra una cena pascual.</strong> Y en ese marco, cada gesto, cada palabra, cada símbolo adquiere una dimensión completamente nueva. El pan, el vino, la mesa compartida, todo está cargado de una historia previa que no se anula, sino que se ilumina. En esta charla recorro esas dos mesas como una sola historia: la de un Dios que actúa en la historia, que libera, que promete… y que cumple. Porque el cristianismo no aparece como algo separado del judaísmo, sino como su plenitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender la Pascua judía permite comprender la Última Cena. Y comprender la Última Cena revela una profundidad aún mayor en la Pascua. Es en ese diálogo donde ambas se iluminan mutuamente. Una invitación a mirar la fe desde sus raíces, y a descubrir que no hay ruptura, sino continuidad. No hay reemplazo, sino cumplimiento.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Dos Mesas, una historia - La Pascua Judia y la Ultima Cena- 26/03/2026" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/ZAZ4TMXO8yo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>La entrada <a href="https://judiaycatolica.com/charla-en-bs-as-la-pascua-judia-y-la-ultima-cena/">Charla en Bs. As. La Pascua Judía y la última Cena</a> se publicó primero en <a href="https://judiaycatolica.com">Judia &amp; Catolica</a>.</p>
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		<title>Navidad: aprender a esperar lo inesperado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Dec 2025 14:48:38 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Desde el principio de todo, en el Génesis, luego de la caída del ser humano —ese momento decisivo en el que Adán y Eva comen del fruto prohibido por no confiar en Dios—, Él promete el envío de un salvador, de un Mesías. Y desde ese momento, fue preparando a un pueblo, al pueblo de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Desde el principio de todo, en el Génesis, luego de la caída del ser humano —ese momento decisivo en el que Adán y Eva comen del fruto prohibido por no confiar en Dios—,<strong> Él promete el envío de un salvador, de un Mesías.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y desde ese momento, <strong>fue preparando a un pueblo, al pueblo de Israel, para que de allí naciera el Mesías.</strong> <br>A través de los patriarcas y de los profetas fue revelándose, y mediante su amor y sus enseñanzas fue <strong>preparando el corazón del pueblo para esta misión esencial.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y <strong>llegada la plenitud de los tiempos, Dios cumplió sus promesas,</strong> enviando a Jesús, el Mesías, nacido en una familia judía en Belén. Esto es lo que celebramos en cada Navidad, como vimos en el <a href="https://youtu.be/T41M-CDzlBg?si=-uynJu-zeVLmZgjU"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-vivid-cyan-blue-color"><strong>video anterior.</strong></mark></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Por qué no todos lo reconocieron?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Como judía y católica, muchas veces me preguntan <strong>por qué los judíos no creyeron en Jesús como el Mesías.</strong> Esta es una pregunta muy profunda, cuya respuesta abarca muchos planos y merece ser desarrollada con tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero mi primera respuesta suele ser siempre la misma: en realidad, los judíos sí reconocieron a Jesús como el Mesías. María, José, los apóstoles y los cientos de primeros cristianos eran judíos: <strong>judíos que creyeron que Jesús era el Mesías esperado y prometido por Dios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es cierto que el judaísmo, en su totalidad, no reconoce a Jesús como el Mesías, por diversos motivos que veremos en otra ocasión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un pueblo oprimido, un Mesías esperado</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, si nos situamos en ese momento histórico, en la situación concreta que estaba atravesando el pueblo de Israel, vemos que vivían un tiempo muy difícil: una etapa de profunda opresión bajo el dominio del Imperio Romano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No todos, pero sí la mayoría de los judíos, esperaba un Mesías que los liberara de esa situación tan desesperante. Un nuevo rey David, un descendiente de David que actuara como un rey fuerte, justo, con gran poder terrenal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un Mesías que expulsara a los romanos, restaurara la soberanía de Israel y trajera la paz.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un Salvador que nadie esperaba</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Y es en ese contexto tan duro que este acontecimiento, anunciado con fuerza por los profetas y esperado por generaciones durante siglos, llegó una noche, en total silencio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jamás hubiéramos imaginado que nuestro Salvador vendría en forma de bebé, bajo la condición más vulnerable de todas, y puesto —literalmente— en nuestras manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante su vida pública, Jesús realizó milagros: curó a los ciegos y a los paralíticos, y resucitó a muertos. Esto también alimentó, para algunos que lo observaban desde cierta distancia, la expectativa de una salvación terrenal. Sin embargo, quienes escuchaban con profundidad su mensaje comenzaban a sospechar que <strong>sus expectativas acerca del Mesías estaban siendo descolocadas.</strong> La lógica de Dios es muy distinta de la nuestra, y Jesús intentó mostrarlo una y otra vez a través de sus acciones y de sus parábolas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El Mesías tan esperado terminó muerto en la cruz:</strong> la muerte más indigna que podía existir en ese tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos quedaron desilusionados.<br>Otros comprendieron que el Reino de Dios seguía otros caminos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una tensión que sigue viva hoy</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esa tensión no quedó atrapada en el siglo I.<br>Sigue viva hoy, quizá con otros nombres, pero con la misma lógica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Acaso no seguimos esperando un Dios que actúe según nuestras propias expectativas?</strong><br>Que cambie las circunstancias cuando se vuelven difíciles,<br>que quite los problemas,<br>que ordene el mundo,<br>que elimine el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queremos un Dios que actúe con inmediatez,<br>que imponga una justicia visible,<br>que restablezca el orden<br>y erradique el mal que existe en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y cuando no lo hace, nos preguntamos si realmente existe, si está allí, si le importa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y acaso cuando actuamos así, no nos parecemos a quienes estaban al pie de la cruz, diciéndole que, si realmente era el Mesías, se salvara a sí mismo y bajara de ella?</p>



<h2 class="wp-block-heading">La lógica inversa de Dios</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús no bajó de la cruz, aunque podía hacerlo.<br>No porque le faltara poder,<br>sino porque su misión no era evitar el sufrimiento.<br><br>No vino a borrar el dolor del mundo,<br>sino a atravesarlo, a cargarlo, a asumirlo, a transformarlo.<br>No para glorificar el sufrimiento en sí mismo, sino para darle sentido,<br>para mostrar que incluso allí donde todo parece perdido, Dios sigue estando presente,<br><strong>amando hasta el extremo.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Aprender a esperar lo inesperado</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En nuestra vida, en general, queremos entender para confiar,</strong><br><strong>pero Dios nos propone la lógica inversa</strong>.<br>Nos pide entrega, confianza, abandono en sus manos; <br>hacernos como niños, confiando en quien nos guía. <br><br>No por su bien, sino por el nuestro, para que vivamos de un modo más pleno.<br>Él no nos pide una confianza ciega: a lo largo de toda la Revelación<br>nos ha dado pruebas tangibles de que Él es digno de nuestra confianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del mismo modo que la llegada del Mesías al mundo, muchas veces los signos de Dios<br> tienen «apariencia de bebé», o son tan pequeños como un grano de mostaza, <br>casi imperceptibles, pero capaces de poner en marcha algo inmenso.<br><br><strong>Ojalá podamos aprender de nuestra historia, dejar de intentar comprenderlo todo </strong><br><strong>y aprender a esperar lo inesperado, a dejarnos sorprender.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ojalá podamos abandonarnos en Él, soltar los remos de la barca,</strong><br><strong>dejar que Él conduzca y aprender a disfrutar del viaje.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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