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	<title>reino de dios archivos - Judia &amp; Catolica</title>
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	<description>Mi Camino Personal y Reflexiones sobre ser Judia y Católica, al mismo tiempo. E intentando hacer Visible algo de lo Invisible</description>
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		<title>Jesús y el Tikkun Olam definitivo: la reparación del mundo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 12:15:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El concepto judío de Tikkun Olam, “reparar el mundo”, expresa la esperanza de que la creación pueda ser llevada a su plenitud y restaurada mediante la colaboración del ser humano con Dios.La Biblia narra esa historia desde Génesis hasta su cumplimiento en Cristo. En el principio el mundo fue creado bueno. La Biblia no presenta [&#8230;]</p>
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<p>El concepto judío de <strong>Tikkun Olam, “reparar el mundo”</strong>, expresa la esperanza de que la creación pueda ser llevada a su plenitud y restaurada mediante la colaboración del ser humano con Dios.<br>La Biblia narra esa historia desde Génesis hasta su cumplimiento en Cristo.</p>



<h1 class="wp-block-heading">En el principio el mundo fue creado bueno.</h1>



<p>La Biblia no presenta la creación como una obra cerrada y terminada. Desde el comienzo, Dios confía al ser humano una misión dentro de ella: cultivar y cuidar el mundo que le ha sido dado. Como dice el Génesis, Dios puso al hombre en el jardín de Edén <strong>“para trabajarlo y cuidarlo”</strong> (Génesis 2,15).</p>



<p>No somos solo habitantes de la creación. Somos también <strong>sus custodios y colaboradores</strong>.</p>



<p>No había maldad. No había ruptura. Había armonía entre el hombre y Dios, entre el hombre y la tierra, entre el hombre y su propio interior.</p>



<p>Una armonía que no era conquista ni logro, era don. Era la condición original de la creación: todo en su lugar, todo en su propósito, todo orientado hacia Dios.</p>



<p>El mundo fue creado <strong><em>tov</em></strong>,  <strong>bueno</strong>. La palabra aparece siete veces en el primer capítulo del Génesis, como un estribillo que Dios repite mientras contempla su obra.</p>



<p>Pero el ser humano quiso hacer su propio camino, a su modo, sin dejarse guiar por Dios. Su desconfianza lo llevó a la desobediencia y a la toma de decisiones erradas. Y esa elección quebró algo.</p>



<p>El mundo que es ya no es el mundo que debería ser.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La primera promesa de restauración</h3>



<p>Sin embargo, desde ese mismo momento, Dios nos tendió la mano para levantarnos, darnos consuelo y para invitarnos a&nbsp;<strong>participar en la reparación de este mundo quebrantado.</strong></p>



<p>Ya en el Jardín del Edén, antes de que terminara ese primer día de ruptura, Dios pronunció las primeras palabras de esperanza. Lo que la tradición cristiana llama el <em>protoevangelio</em>, el primer anuncio del Evangelio, escondido en una maldición dirigida a la serpiente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>«Pondré enemistad entre ti y la mujer,<br>entre tu linaje y el suyo.<br>Él te aplastará la cabeza<br>y tú le acecharás el talón.»</em><br>(Génesis 3,15)</p>
</blockquote>



<p>Una promesa. Pequeña, casi imperceptible. Pero ahí estaba: la primera semilla del plan de Dios.</p>



<p>Y desde ese momento comenzó una nueva historia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Israel y la tarea de reparar el mundo</h3>



<p>Dios fue reuniendo a un pueblo, el pueblo de Israel, y lo fue preparando, formando, acompañando. Le dio los mandamientos, los preceptos, las <em><strong>mitzvot</strong></em>, para que vivieran bien e hicieran el bien. Para que fueran, en medio del mundo roto, una señal de que la reparación era posible.</p>



<p>Esta participación en la restauración del mundo mediante las <em>mitzvot</em> se conoce en el judaísmo como <strong>Tikkun Olam</strong>, “reparar el mundo”.</p>



<p>La expresión aparece ya en la Mishná, donde se habla de actuar <em>mipnei tikkun ha-olam</em> — “por el bien de la reparación o el orden del mundo”—, y atraviesa toda la tradición judía.</p>



<p>El <em>Aleinu</em>, la plegaria con la que concluye cada servicio judío, expresa esta esperanza con las palabras:</p>



<p><em>L’takken olam b’malkhut Shaddai</em><br>“reparar el mundo bajo la soberanía del Todopoderoso”.</p>



<p>No somos espectadores. Somos colaboradores.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El límite del esfuerzo humano</h3>



<p>Sin embargo, hay un límite que ningún ser humano puede saldar.</p>



<p>Toda ofensa que cometemos, toda persona que lastimamos, es en última instancia una ofensa a Dios. Por eso el pecado no es solo un error humano: introduce una ruptura real en nuestra relación con Él.</p>



<p>Y esa ruptura no puede ser sanada únicamente por nuestras propias fuerzas.</p>



<p>Por más obras de justicia y amor que hagamos (<em>tzedaká</em>), el mundo no termina de repararse.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La esperanza anunciada por los profetas</h3>



<p>Así lo fueron anunciando los profetas. Ezequiel, Jeremías, Isaías, Amós. Ellos enseñaron que la conversión del corazón humano es necesaria, pero también anunciaron algo más profundo: que Dios mismo intervendría para restaurar la alianza.</p>



<p>Hablaron de un tiempo en que Dios transformaría el corazón humano, derramaría su Espíritu y restauraría la justicia en la tierra.</p>



<p>Un tiempo en que la creación misma sería reconciliada.</p>



<p>Isaías lo describe con imágenes de una paz que alcanza incluso a la naturaleza:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“<em>No harán daño ni destruirán en todo mi monte santo,<br>porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor<br>como las aguas cubren el mar.”</em><br>(Isaías 11,9)</p>
</blockquote>



<p><strong>Los profetas anuncian así una gran esperanza: un mundo restaurado bajo el reinado de Dios.</strong></p>



<p>La misma esperanza que resuena en el <em>Aleinu</em> cuando se pide reparar el mundo bajo su soberanía.</p>



<p>Pero queda una pregunta abierta.</p>



<p>¿Cuándo?<br>¿Cómo?<br>¿De qué manera entraría Dios en la historia para realizar esa restauración?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Dios entra en la historia</h3>



<p>La respuesta llegó.</p>



<p>Y llegó de una manera que nadie esperaba. en el silencio de una noche, en la familia menos pensada, en la ciudad menos considerada.</p>



<p>Dios eligió entrar en la historia haciéndose uno de nosotros.</p>



<p>Asumió la condición humana. La habitó desde dentro.</p>



<p>El <strong>Emmanuel</strong>, “Dios con nosotros”. anunciado por Isaías no era solo un símbolo de consuelo. Era el anuncio de algo real: Dios mismo entrando en la historia humana.</p>



<p>Ahí se abre la gran bisagra de la historia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El Tikkun Olam definitivo</h3>



<p>En Jesús, Dios no solo enseña cómo reparar el mundo.<br>Él mismo comienza la reparación desde dentro de la creación.</p>



<p>En la encarnación, Dios entra en el mundo herido.<br>En la cruz, carga con la ruptura del pecado.<br>Y en la resurrección inaugura algo nuevo: la nueva creación.</p>



<p>La historia que comenzó en un jardín marcado por la desobediencia encuentra su punto de inflexión en otro jardín — el del sepulcro vacío, donde comienza la vida nueva.</p>



<p>Lo que ningún ser humano podía reparar por sí mismo, Dios lo comenzó a restaurar desde dentro.</p>



<p>Ese es, en el sentido más profundo, el <strong>Tikkun Olam definitivo</strong>.</p>



<p>No una reparación parcial, ni solo moral, ni solo social.<br>Una restauración radical de la relación entre Dios y la humanidad.</p>



<p>Una restauración que comienza en Cristo y que todavía se despliega en la historia.</p>



<p>Porque el mundo aún espera su plenitud.</p>



<p>Pero la obra ya ha comenzado.</p>



<p>Y cada acto de amor, cada obra de justicia, cada gesto de fidelidad a Dios participa, humildemente, en esa gran reparación que Dios mismo ha iniciado en Cristo.</p>



<p>El Tikkun Olam, finalmente, no es solo una tarea del ser humano.</p>



<p>Es ante todo la obra de Dios.<br>Y nosotros somos invitados a participar en ella.</p>



<p></p>
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		<title>Video: Navidad: esperar lo inesperado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Dec 2025 15:21:19 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué Mesías esperaba el pueblo en tiempos de Jesús? ¿Y qué esperamos nosotros hoy de Dios? La Navidad nos vuelve a poner frente a una espera que no siempre coincide con nuestras expectativas. Buscamos respuestas claras, soluciones inmediatas, un Dios que actúe como imaginamos… pero la historia bíblica nos revela una lógica distinta, silenciosa y [&#8230;]</p>
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<p><strong>¿Qué Mesías esperaba el pueblo en tiempos de Jesús? ¿Y qué esperamos nosotros hoy de Dios? </strong><br><br>La <strong>Navidad </strong>nos vuelve a poner frente a una espera que no siempre coincide con nuestras expectativas. Buscamos respuestas claras, soluciones inmediatas, un Dios que actúe como imaginamos… pero la historia bíblica nos revela una lógica distinta, silenciosa y profundamente transformadora. En este video comparto una reflexión desde una mirada judía y católica sobre la espera, la fe y el modo en que Dios actúa en la historia —y también en nuestra propia vida. Además dejo el enlace de un video relacionado, sobre el Adviento, la espera que puede transformar nuestra forma de vivir:</p>



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		<title>Navidad: aprender a esperar lo inesperado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[luciana]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Dec 2025 14:48:38 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Desde el principio de todo, en el Génesis, luego de la caída del ser humano —ese momento decisivo en el que Adán y Eva comen del fruto prohibido por no confiar en Dios—, Él promete el envío de un salvador, de un Mesías. Y desde ese momento, fue preparando a un pueblo, al pueblo de [&#8230;]</p>
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<p>Desde el principio de todo, en el Génesis, luego de la caída del ser humano —ese momento decisivo en el que Adán y Eva comen del fruto prohibido por no confiar en Dios—,<strong> Él promete el envío de un salvador, de un Mesías.</strong></p>



<p>Y desde ese momento, <strong>fue preparando a un pueblo, al pueblo de Israel, para que de allí naciera el Mesías.</strong> <br>A través de los patriarcas y de los profetas fue revelándose, y mediante su amor y sus enseñanzas fue <strong>preparando el corazón del pueblo para esta misión esencial.</strong></p>



<p>Y <strong>llegada la plenitud de los tiempos, Dios cumplió sus promesas,</strong> enviando a Jesús, el Mesías, nacido en una familia judía en Belén. Esto es lo que celebramos en cada Navidad, como vimos en el <a href="https://youtu.be/T41M-CDzlBg?si=-uynJu-zeVLmZgjU"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-vivid-cyan-blue-color"><strong>video anterior.</strong></mark></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Por qué no todos lo reconocieron?</h2>



<p>Como judía y católica, muchas veces me preguntan <strong>por qué los judíos no creyeron en Jesús como el Mesías.</strong> Esta es una pregunta muy profunda, cuya respuesta abarca muchos planos y merece ser desarrollada con tiempo.</p>



<p>Pero mi primera respuesta suele ser siempre la misma: en realidad, los judíos sí reconocieron a Jesús como el Mesías. María, José, los apóstoles y los cientos de primeros cristianos eran judíos: <strong>judíos que creyeron que Jesús era el Mesías esperado y prometido por Dios.</strong></p>



<p>Es cierto que el judaísmo, en su totalidad, no reconoce a Jesús como el Mesías, por diversos motivos que veremos en otra ocasión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un pueblo oprimido, un Mesías esperado</h2>



<p>Ahora bien, si nos situamos en ese momento histórico, en la situación concreta que estaba atravesando el pueblo de Israel, vemos que vivían un tiempo muy difícil: una etapa de profunda opresión bajo el dominio del Imperio Romano.</p>



<p>No todos, pero sí la mayoría de los judíos, esperaba un Mesías que los liberara de esa situación tan desesperante. Un nuevo rey David, un descendiente de David que actuara como un rey fuerte, justo, con gran poder terrenal.</p>



<p>Un Mesías que expulsara a los romanos, restaurara la soberanía de Israel y trajera la paz.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un Salvador que nadie esperaba</h2>



<p>Y es en ese contexto tan duro que este acontecimiento, anunciado con fuerza por los profetas y esperado por generaciones durante siglos, llegó una noche, en total silencio.</p>



<p>Jamás hubiéramos imaginado que nuestro Salvador vendría en forma de bebé, bajo la condición más vulnerable de todas, y puesto —literalmente— en nuestras manos.</p>



<p>Durante su vida pública, Jesús realizó milagros: curó a los ciegos y a los paralíticos, y resucitó a muertos. Esto también alimentó, para algunos que lo observaban desde cierta distancia, la expectativa de una salvación terrenal. Sin embargo, quienes escuchaban con profundidad su mensaje comenzaban a sospechar que <strong>sus expectativas acerca del Mesías estaban siendo descolocadas.</strong> La lógica de Dios es muy distinta de la nuestra, y Jesús intentó mostrarlo una y otra vez a través de sus acciones y de sus parábolas.</p>



<p><strong>El Mesías tan esperado terminó muerto en la cruz:</strong> la muerte más indigna que podía existir en ese tiempo.</p>



<p>Muchos quedaron desilusionados.<br>Otros comprendieron que el Reino de Dios seguía otros caminos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una tensión que sigue viva hoy</h2>



<p>Pero esa tensión no quedó atrapada en el siglo I.<br>Sigue viva hoy, quizá con otros nombres, pero con la misma lógica.</p>



<p><strong>¿Acaso no seguimos esperando un Dios que actúe según nuestras propias expectativas?</strong><br>Que cambie las circunstancias cuando se vuelven difíciles,<br>que quite los problemas,<br>que ordene el mundo,<br>que elimine el dolor?</p>



<p>Queremos un Dios que actúe con inmediatez,<br>que imponga una justicia visible,<br>que restablezca el orden<br>y erradique el mal que existe en el mundo.</p>



<p><strong>Y cuando no lo hace, nos preguntamos si realmente existe, si está allí, si le importa.</strong></p>



<p>¿Y acaso cuando actuamos así, no nos parecemos a quienes estaban al pie de la cruz, diciéndole que, si realmente era el Mesías, se salvara a sí mismo y bajara de ella?</p>



<h2 class="wp-block-heading">La lógica inversa de Dios</h2>



<p>Jesús no bajó de la cruz, aunque podía hacerlo.<br>No porque le faltara poder,<br>sino porque su misión no era evitar el sufrimiento.<br><br>No vino a borrar el dolor del mundo,<br>sino a atravesarlo, a cargarlo, a asumirlo, a transformarlo.<br>No para glorificar el sufrimiento en sí mismo, sino para darle sentido,<br>para mostrar que incluso allí donde todo parece perdido, Dios sigue estando presente,<br><strong>amando hasta el extremo.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Aprender a esperar lo inesperado</h2>



<p><strong>En nuestra vida, en general, queremos entender para confiar,</strong><br><strong>pero Dios nos propone la lógica inversa</strong>.<br>Nos pide entrega, confianza, abandono en sus manos; <br>hacernos como niños, confiando en quien nos guía. <br><br>No por su bien, sino por el nuestro, para que vivamos de un modo más pleno.<br>Él no nos pide una confianza ciega: a lo largo de toda la Revelación<br>nos ha dado pruebas tangibles de que Él es digno de nuestra confianza.</p>



<p>Del mismo modo que la llegada del Mesías al mundo, muchas veces los signos de Dios<br> tienen «apariencia de bebé», o son tan pequeños como un grano de mostaza, <br>casi imperceptibles, pero capaces de poner en marcha algo inmenso.<br><br><strong>Ojalá podamos aprender de nuestra historia, dejar de intentar comprenderlo todo </strong><br><strong>y aprender a esperar lo inesperado, a dejarnos sorprender.</strong></p>



<p><strong>Ojalá podamos abandonarnos en Él, soltar los remos de la barca,</strong><br><strong>dejar que Él conduzca y aprender a disfrutar del viaje.</strong></p>



<p></p>
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