Las raíces judías de la eucaristía archivos - Judia & Catolica https://judiaycatolica.com/tag/las-raices-judias-de-la-eucaristia/ Mi Camino Personal y Reflexiones sobre ser Judia y Católica, al mismo tiempo. E intentando hacer Visible algo de lo Invisible Wed, 07 Sep 2022 14:50:07 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 https://judiaycatolica.com/wp-content/uploads/2023/11/cruzymagendavid-150x150.jpg Las raíces judías de la eucaristía archivos - Judia & Catolica https://judiaycatolica.com/tag/las-raices-judias-de-la-eucaristia/ 32 32 La Eucaristía y su origen judío https://judiaycatolica.com/la-eucaristia-y-su-origen-judio/ https://judiaycatolica.com/la-eucaristia-y-su-origen-judio/#comments Sat, 22 Sep 2018 15:24:09 +0000 https://judiaycatolica.com/?p=748 La eucaristía es un término muy común dentro del catolicismo, pero sumamente desconocido para el judaísmo. Sin embargo, como una gran cantidad de rituales y términos católicos, también tiene sus orígenes,  sus raíces, judías. Y estas bases no tienen que ver sólo en cuanto a la cantidad de figuras de la eucaristía que hay en […]

La entrada La Eucaristía y su origen judío se publicó primero en Judia & Catolica.

]]>

La eucaristía es un término muy común dentro del catolicismo, pero sumamente desconocido para el judaísmo. Sin embargo, como una gran cantidad de rituales y términos católicos, también tiene sus orígenes,  sus raíces, judías.

Y estas bases no tienen que ver sólo en cuanto a la cantidad de figuras de la eucaristía que hay en el antiguo testamento, como está detallado en el artículo «Las raíces judías de la Eucaristía«. Sino que ésta, como sacrificio de acción de gracias, era uno de los tipos de sacrificios que se hacían en el judaísmo.

(Nota: eucaristía es un término en griego que significa acción de gracias.)

A lo largo del Tanaj (Biblia Hebrea) encontramos diferentes tipos de sacrificios de animales con diversas intenciones: adoración, acción de gracias, petición y/o expiación.

Tanto en el Midrash como en el Talmud (tradición oral judía puesta por escrito) se dice que habrá un tiempo en el que se acabarán todos los sacrificios mencionados en la Torá. Sin embargo, el sacrificio de acción de gracias se realizará aun después de la llegada del Mesías. O sea, el único sacrificio que continuaría es el de la eucaristía, tal como pasó luego de la venida de Jesús. Donde el único sacrificio que se sigue practicando es el de acción de gracias, al «partir el pan».

Otro signo más de la plenitud del catolicismo, que no es una nueva religión sino que es el judaísmo post mesiánico, que lleva todos los sacrificios del judaísmo, la ley y los profetas, a su plenitud.

La entrada La Eucaristía y su origen judío se publicó primero en Judia & Catolica.

]]>
https://judiaycatolica.com/la-eucaristia-y-su-origen-judio/feed/ 2
Las raíces judías de la Eucaristía https://judiaycatolica.com/las-raices-judias-de-la-eucaristia/ https://judiaycatolica.com/las-raices-judias-de-la-eucaristia/#comments Wed, 13 Dec 2017 12:48:46 +0000 https://judiaycatolica.com/?p=536 Conocer las raíces judías de la Eucaristía, es poder ahondar un poco más sobre la forma en la cual Dios obra; vislumbrar cómo tiene todo pensado desde el principio, y la manera en que actúa a través nuestro. Dios nos va dando signos para que, quienes nos interesemos en conocer cómo  Él se sumerge en nuestra historia, podamos identificar […]

La entrada Las raíces judías de la Eucaristía se publicó primero en Judia & Catolica.

]]>

Conocer las raíces judías de la Eucaristía, es poder ahondar un poco más sobre la forma en la cual Dios obra; vislumbrar cómo tiene todo pensado desde el principio, y la manera en que actúa a través nuestro.

Dios nos va dando signos para que, quienes nos interesemos en conocer cómo  Él se sumerge en nuestra historia, podamos identificar su firma, su huella en cada detalle y  de este modo apasionarnos por seguir profundizando en sus misterios. Esos misterios que cuánto más uno descubre, más se da cuenta de lo inabarcables que son y a la vez, no puede dejar de adentrarse en ellos.
En este trabajo, vamos a recorrer algunas de las raíces del más profundo misterio y Don de Dios que jamás existió y me animo a afirmar, existirá. El material utilizado para esto es obtenido principalmente del libro del Dr. Brant Pitre, Jesús y las raíces judías de la Eucaristía y de una de sus conferencias sobre el tema. (en el cual se utilizan no sólo las Sagradas Escrituras como fuente, sino también libros de tradición judía, como el Talmud y la Mishná, imprescindibles para conocer e interpretar el tema en cuestión). El autor recorre toda su investigación bajo la siguiente premisa: ¿cómo es posible que los primeros cristianos que eran judíos, y muchos como San Pablo y San Pedro, muy observantes de la ley judía, la Torá, hayan creído en la presencia real de Jesús en la Eucaristía?

Este interrogante lo hace teniendo en cuenta en especial, que en el tercer libro de la Torá (en griego Pentateuco) el Levítico, está prohibido claramente que los judíos tomen cualquier tipo de sangre: «Ninguno de ustedes comerá sangre, ni tampoco lo hará el extranjero que resida en medio de ustedes». (Levítico, 17.12). Y sin embargo, encontramos en San Pablo en La primera Carta a los Corintios lo siguiente:

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?” (10.12)

¿Cómo pasó una persona como San Pablo, estricto observante de la ley del Levítico, a creer y consumir la sangre de Cristo?

Lo que vamos a ver a continuación es que, precisamente su fe judía, sus prácticas y tradiciones judías, fueron los fundamentos que hicieron que San Pablo, junto a San Pedro y el resto de los primeros judíos cristianos de la época, creyeran en la presencia real de Jesús en la eucaristía.

Es ciertamente por determinados conceptos y tradiciones judías que vamos a poder entender este traspaso, y comprender más profundamente el misterio de la Eucaristía.

Existen varios aspectos para sumergirnos en este tema. En este trabajo vamos a hacerlo a través de tres cuestiones bíblicas:

1-La pascua judía (Pesaj)

 2-Las creencias judías sobre el maná

 3-El pan de la presencia o de la proposición, que los judíos conservaron en la Carpa del Encuentro y luego en el Templo de Salomón.

Expectativas Mesiánicas del judaísmo en la época de Jesús

Primero, para comprender las raíces judías de la Eucaristía, necesitamos analizar brevemente cuáles eran las expectativas del pueblo judío en la época de Jesús, con respecto a la venida del Mesías.

Si tenemos que responder rápidamente,  lo primero que se nos viene a la mente es lo más obvio, lo más escuchado: los judíos esperaban un Mesías terrenal y político. Si bien esto es en parte verdad, no era la única interpretación. Esta concepción y esperanza era propia de un grupo de judíos, conocidos como los zelotes.

Pero muchos otros judíos, que conocían muy bien las escrituras,  esperaban otra cosa diferente. Esta esperanza mesiánica se puede simplificar en un nuevo éxodo.

Según los profetas como Jeremías y Ezequiel, cuando el Mesías viniese, salvaría el pueblo como lo hizo Moisés y traería una nueva alianza. Y esta nueva era, sería un nuevo éxodo.

Vamos a hacer un brevísimo resumen: antes del éxodo, las doce tribus estaban esclavizadas por el faraón de Egipto. Y Dios mandó a Moisés para liberar al pueblo y conducirlo a la tierra prometida. Este acto es la base fundamental para entender lo que el nuevo éxodo a la vez espera.

1- En el primer éxodo había un salvador, que fue Moisés. En el nuevo éxodo se espera a otro salvador, el Mesías.

2- En el primer éxodo las doce tribus fueron liberadas de la esclavitud de Egipto. En el nuevo éxodo se espera la liberación no sólo de judíos sino también de los gentiles. Y ya no de la esclavitud física, sino del pecado. Y hasta de la muerte misma.
3- Una vez que el pueblo de Israel salió de Egipto estuvieron en un viaje por el desierto durante 40 años, antes de llegar a la tierra prometida de Canaán. En el nuevo éxodo los profetas nos dicen que Israel va hacia un nuevo viaje, un recorrido a una nueva tierra prometida, que será como un nuevo edén.

4- En el desierto, el lugar físico para dar culto a Dios estaba centrado en un lugar especial, llamado el tabernáculo. Un templo “portátil” en donde los israelitas ofrecían sacrificios y lo llevaron durante todo su viaje por el desierto. Y cuando llegaron a la tierra prometida, un tiempo después con el rey Salomón, hicieron un templo permanente que para ellos constituía el lugar de encuentro con Dios, el lugar sagrado, donde Dios moraba. En el nuevo éxodo los profetas nos dicen que el culto a Dios va a estar centrado en un nuevo templo, un nuevo santuario, aún más glorioso que el templo de Salomón.

5- En el primer éxodo el destino final no era el Monte Sinaí, ni siquiera la tierra prometida, sino Jerusalén, donde se edificó el Templo.  En el nuevo éxodo, el viaje final va a ser la nueva Jerusalén, lo que Isaías llama la nueva tierra, la nueva creación.

Esto es lo que esperaban los judíos que conocían bien las escrituras. Un nuevo éxodo para la salvación.

Y ahora sí con estos datos en mente,  remontémonos a la época de Jesús, y tratemos de analizarlo a través de estos ojos, con esta mirada, con las expectativas mesiánicas que tenían los judíos en ese momento.

Un nuevo éxodo y una nueva pascua.

Si se espera un nuevo éxodo, ¿qué es lo que se necesita tener primero? ¿Cómo comenzó el primer éxodo?

El pueblo de Israel no sólo salió de Egipto, sino que fue liberado por Dios, “por su brazo poderoso”, obrando, entre otras cosas, a través de las 10 plagas. Y fue con la última plaga, cuando la muerte de los primogénitos cayó en Egipto y atravesó, “pasó” las casas de los israelitas, cuando el faraón finalmente los dejó partir.

Para que esto ocurriera, Dios le dio a Moisés indicaciones específicas acerca de lo que su pueblo debía hacer, y la práctica de éstas consistió en lo que fue la primera pascua. (Esto se puede ver detalladamente en el Antiguo Testamento en el capítulo 12 del libro del Éxodo.)

El libro del Éxodo no sólo cuenta la historia sobre lo que pasó en la noche de la Pascua, sino que también establece la liturgia pascual, el rito pascual, que debía ser llevado a cabo por el pueblo judío esa misma noche y para siempre. Incluso se sigue haciendo hasta el día de hoy.

Cada padre debía actuar como un sacerdote para su familia, ofreciendo un sacrificio. Debía llevar un cordero puro, sin ningún defecto, de un año de edad y matarlo. Cortar su cuello y colocar la sangre en un recipiente. Y luego el padre debía tomar una rama de la planta de hisopo, y mojarla en esa sangre y poner en los marcos de la puerta de su hogar, como un signo de la alianza con Dios. Un signo para que el ángel de la muerte “pase”, “atraviese” ese hogar, y no muera el primogénito.

Finalmente y fundamental, al final de este ritual, la familia debía juntarse en la cena y comer la carne de ese cordero. Esa era la culminación del sacrificio pascual. Era esencial hacer esto. No importaba si les gustaba el cordero o no, sí o sí debían consumirlo todo, de lo contrario, no se cumplía el sacrificio.

A lo largo de los años, la celebración de la pascua,  Pesaj se fue desarrollando en la tradición judía. No sólo se hace lo que está detallado en la Biblia sino que se le fueron añadiendo aspectos tradicionales. De modo que para entender cómo era la celebración de Pesaj en la época de Jesús hay que entender y conocer también la parte tradicional.

En la noche de la celebración del Seder de Pesaj (así se llama a esta cena especial), el hijo más pequeño le hace al padre ciertas preguntas. Por ejemplo: “¿por qué esta noche es diferente a las demás?” “¿Por qué esta noche comemos pan sin levadura?” y el padre le va respondiendo con estas palabras:

“es por lo que Dios hizo POR MI, porque fui liberado de Egipto”.

Sin importar cuánto tiempo haya pasado de ese momento y de la primera celebración de la pascua judía, se sigue diciendo que es por lo que Dios hizo por mí. La celebración se ve como un acto de participación en esa primera pascua, no sólo un recordatorio. Es una participación espiritual en el primer éxodo de  Egipto.  En la Mishná, colección de tradiciones rabínicas judías, se enseña que en toda generación un hombre debe celebrarlo como si él mismo hubiera salido de Egipto. Y por eso debemos dar gracias a Dios. El hecho trasciende el tiempo y el espacio.

¿Por qué esta pascua es diferente a todas las demás?

Como mencionamos previamente, para tener un nuevo éxodo se requiere también una nueva pascua. Y la noche de la última cena, Jesús celebra junto a sus discípulos la celebración de Pesaj, la pascua Judía. Del mismo modo que cientos y miles de otros judíos lo estaban haciendo esa misma noche.

Pero algo más grande estaba ocurriendo esa noche, en esa pascua, que la hacía diferente a todas las pascuas antes celebradas: Jesús instituye la nueva pascua del nuevo éxodo.

Por medio de este sacrificio Jesús inaugura el nuevo éxodo que los profetas habían anunciado y que el pueblo judío tanto anhelaba. Esta noche, Jesús pronuncia por primera vez las palabras que consagran su propia sangre, como expiatoria. Derramada por muchos, para el perdón de los pecados.

Cualquier judío de la época conocía que la única persona que podría ofrecer sangre por el perdón de los pecados era un sacerdote ordenado.  Jesús reconfigura la pascua judía a través de su propio sufrimiento y su propia muerte y marca la nueva pascua y la nueva alianza. Asimismo se instituyen nuevos sacerdotes: Jesús y los 12 apóstoles.

Un nuevo cordero, el cordero de Dios

Jesús reemplaza el sacrificio del cordero pascual por el sacrificio de sí mismo. Se va a ofrecer él mismo para el perdón de los pecados. Será “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan, 1.29). Jesús establece en ese momento y para siempre un nuevo sacrificio, transustanciado en pan y vino, su sangre y su cuerpo. Y de esta forma tan sagrada y misteriosa, se inaugura el nuevo éxodo.

Retomando la pregunta inicial, ¿por qué los primeros judíos cristianos creyeron en la verdadera presencia de Dios en el pan y el vino? Es porque ellos sabían, pudieron percibir, que la eucaristía no era nada menos que una nueva pascua. Y sabían que este sacrificio, al igual que la antigua pascua, era una participación en la pascua de Jesús.

Del mismo modo que la pascua judía era vista como volver espiritualmente a la primer noche del éxodo, la primera noche de pascua, del mismo modo la eucaristía hace presente el sacrifico de Jesús en el calvario. En cada Misa somos llevamos a esa anoche en la que Jesús se ofreció a sí mismo en la última cena. Estamos con Él allí y a la vez con Él allí en el calvario.

Y acá se presenta un factor fundamental: si la Eucaristía es la nueva pascua, del nuevo éxodo, el cordero debe ser consumido. No un símbolo del cordero, ni un recuerdo del cordero, sino que al igual que la pascua judía, hay que consumir, comer el cordero pascual para poder completar el sacrificio pascual. Ya que como mencionamos anteriormente, la pascua no se completa con la muerte del cordero, sino cuando se lo consume.

San Pablo dice refiriéndose a esta nueva pascua: “Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado” (1 Cor. 5:7). Y Pedro: “Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes.” (1P 1,18-19)

El pan del cielo

“En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea».” (Éxodo 16.2)

 Esto ocurre al segundo mes de estar en desierto. Era tan difícil lo que el pueblo estaba atravesando que comenzaron a mirar con añoranza el pasado. Un pasado que era de esclavitud, opresión, pero que desde su punto de vista comenzaba a verse diferente, lo valoraban de otro modo y tenían la tentación de querer volver atrás. Y murmuraban entre ellos, reclamándole a Dios, quejándose. Dios escucha su clamor y responde dándoles “pan desde lo alto”, el milagro del maná. Por la mañana era pan, y por la noche carne del cielo.

Vamos vislumbrando cómo los misterios del Nuevo Testamento están escondidos en el Antiguo, esperando ser develados por la eucaristía. El maná era una sustancia blanca que parecía tener gusto a miel, según el éxodo. ¿Y por qué miel? La tierra prometida debía abundar en leche y miel. El maná era como una degustación de la tierra prometida. Dios les está diciendo que confíen en Él. Que si bien es verdad que en ese momento están atravesando algo difícil, el desierto, lleno de pruebas y sufrimientos, llegará el momento en que van a estar en casa, en la tierra prometida, y el maná es una muestra de lo que va a venir, de la promesa.

El pueblo se daba cuenta que el Maná no era un pan común. De hecho lo llamaban el pan de los ángeles:

“…hizo llover sobre ellos el maná, les dio como alimento un trigo celestial;
todos comieron en pan de ángeles, les dio comida hasta saciarlos.” (Salmo78.24)

El pueblo de Israel era consciente que el maná era algo milagroso. De modo que además de comerlo lo ponían en un recipiente de oro, y lo colocaban dentro del arca de la alianza. (Similar a como los católicos cuidan y guardan a la Eucaristía). Los israelitas lo guardaban como un recordatorio de los milagros de Dios y del amor de Dios por su pueblo. “La Primera Alianza tenía un ritual para el culto y un santuario terrestre. En él se instaló un primer recinto, donde estaban el candelabro, la mesa y los panes de la oblación: era el lugar llamado Santo. Luego, detrás del segundo velo había otro recinto, llamado el Santo de los Santos. Allí estaban el altar de oro para los perfumes y el Arca de la Alianza, toda recubierta de oro, en la cual había un cofre de oro con el maná, la vara de Aarón que había florecido y las tablas de la alianza.” (Hebreos, 9.1)
El maná no era sólo una cuestión del pasado para el pueblo, sino que en la época de Jesús, existía una tradición que decía que cuando viniera el Mesías, quien iba ser un nuevo Moisés, una de las cosas que debía hacer era traer de vuelta el pan milagroso del cielo. Un escrito antiguo del judaísmo decía: el Mesías comenzará a revelarse y muchos verán maravillas. El tesoro bajará nuevamente del cielo y los hombres lo comerán y verán milagros todos los días.


Cómo católicos podemos afirmar la presencia diaria, en cada Misa, de un milagro. El pan y el vino transformado en el cuerpo y la sangre de Cristo. El milagro más grande que puede existir. Jesús, nuestro pan de cada día.

El maná, el pan de vida y el Cuerpo de Cristo

Se puede pasar muchísimo tiempo analizando el capítulo 6 del Evangelio de Juan, sobre el discurso del pan de vida. Pero para continuar con el objetivo de este trabajo sólo vamos a analizar la parte del maná.

Nuestros padres comieron el maná en el desierto”… Jesús respondió:

«Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo». Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. (Juan 6.31) Los judíos volvían una vez más a murmurar y se preguntaban, lógicamente: « ¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: «Yo he bajado del cielo»? y Jesús les respondió dejando bien claro:” Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que  tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí ». Los que lo escuchaban, continuaban murmurando, y preguntándose entre ellos ”¿cómo este hombre puede darnos de comer su cuerpo?”

Es central destacar que cuando a Jesús lo cuestionan no dice que está hablando de forma simbólica, sino que hace aún más énfasis en sus palabras, y lo afirma diciendo “Amén, Amén”, “en verdad, en verdad les digo”. Y cierra diciendo:

“Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron  sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Jesús abre esta parte del discurso con la figura del maná, y finaliza también de la misma manera. Incluso los discípulos también decían que eran palabras muy duras, murmuraban, al igual que los israelitas murmuraban en el éxodo, y Jesús les dice: “¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes?”

Nuevamente, retomemos nuestra pregunta original: ¿Cómo es posible que los apóstoles, San Pablo, San Pedro, creyeran en la verdadera presencia de Jesús en la Eucaristía? Es muy simple, a través del don del Espíritu Santo y la fe, pudieron reconocer que la eucaristía no es sólo la nueva pascua sino el nuevo maná del cielo. Y en relación a esto se hace evidente la verdadera presencia desde dos puntos de vista:

1- Si la Eucaristía es el nuevo maná del cielo, debe ser algo sobrenatural. No puede ser algo menor que eso. Si la Eucaristía fuera sólo un símbolo, implicaría que el antiguo maná es más grande que el nuevo, siendo el maná un pan milagroso caído del cielo, ¿El nuevo maná acaso puede ser sólo un símbolo? De ningún modo. El nuevo maná como mínimo debería ser algo sobrenatural caído del cielo. Algo extraordinario, celestial, sobrenatural, milagroso. Las figuras, que son símbolos del Antiguo Testamento que apuntan a  la nueva alianza , nunca pueden ser superiores al hecho que señalan.

2- Si la eucaristía es el nuevo maná del cielo, entonces los primeros cristianos debían reconocer que la Eucaristía no es el cuerpo crucificado de Jesús como cordero, sino que es además el cuerpo resucitado, bajado del cielo. Por eso Jesús les dice: “¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes?”. Para entender el misterio de la Eucaristía, Jesús les dice que deben entender la resurrección, el misterio de la ascensión. No les está diciendo que hagan canibalismo, no les da ese cuerpo físico que están viendo en ese momento, sino su cuerpo resucitado, su cuerpo sobrenatural, bajo la forma de pan y vino. Y la forma de hacerlo es luego de la resurrección, donde su cuerpo ya no está limitado por el tiempo y el espacio, sino que puede aparecer donde quiere, cuando quiere. Como lo hace luego de la resurrección. Es un nuevo cuerpo, un cuerpo glorificado. Que en cada Misa se hace presente. No sólo su muerte en el calvario sino su resurrección.

El pan de la ofrenda o de la proposición

Vamos ahora a analizar el tercer y último punto, el pan de la presencia, de la ofrenda o pan de la proposición. (se da nombre distinto de acuerdo a la traducción)

El culto a Dios durante el éxodo estaba centrado en la carpa del encuentro, como el templo portátil. Dentro de éste había diferentes sectores. Uno de ellos era el lugar Santo que contenía entre otras cosas, el pan de la ofrenda, a veces traducido como el pan de la proposición, en hebreo: “lejem hapanim”. Durante el Éxodo, lo primero que Dios les enseña, luego de darles los mandamientos, es cómo rendir culto a Dios. Les das un detalle muy amplio sobre cada cosa que debían hacer y cómo hacerlo. Casi la mitad del libro del éxodo está destinado a la descripción de cómo rendir culto a Dios. Entre estas indicaciones, Dios les dice cómo deben construir la carpa del encuentro, y le ordena a Moisés que debe incluir tres símbolos clave allí:

1- el altar donde se quemaban los perfumes e inciensos.

2-la menorá (candelabro con 7 velas con fuego que debían estar siempre prendidas)

3-una mesada de oro donde debían colocar allí los panes de la ofrenda.

En el libro del Levítico, se detalla la forma en que estos panes deben ser ofrecidos y consumidos:

“Prepara además doce tortas de harina de la mejor calidad, empleando dos décimas partes de una medida para cada una. Luego las depositarás en la presencia del Señor, en dos hileras de seis, sobre la mesa de oro puro; y sobre cada hilera pondrás incienso puro, como un memorial del pan, como una ofrenda que se quema para el Señor. Esto se dispondrá regularmente todos los sábados delante del Señor: es una obligación permanente para los israelitas. Los panes serán para Aarón y sus hijos, y ellos deberán comerlos en el recinto sagrado, porque se trata de una cosa santísima. Es un derecho que Aarón tendrá siempre sobre las ofrendas que se queman para el Señor” (Levítico 24)

El pan de la ofrenda, de la proposición, también puede ser traducido como “el pan del rostro” porque en hebreo panim, significa rostro. Nos preguntamos, ¿el rostro de quien? El rostro de Dios todopoderoso. Este pan misterioso era como un signo visible del Dios invisible.

“Contemplen el amor de Dios por ustedes”.

Según la antigua tradición judía, (escrito en el Talmud) en la época de Jesús, cuando los judíos iban al templo a Jerusalén, había una costumbre cuando se juntaban para el evento anual de la pascua, el sacerdote hacía algo que no hacía en el resto del año. Sacaba del santuario interior del templo (Santo de los Santos), donde nadie podía ingresar excepto el sacerdote, el pan de la proposición.

El sacerdote lo retiraba y lo llevaba hacia donde estaba la gente y lo levantaba en su mesa de oro, y pronunciaba las siguientes palabras “contemplen el amor de Dios por ustedes”.  Esto suena muy similar a lo que vemos cada día en la Misa cuando el sacerdote levanta la Eucaristía y dice “este es el cordero de Dios”.

Lleva así, a la plenitud el maná, el pan de la presencia, con el cuerpo y la sangre de Cristo. La palabra hecha carne y habitando entre nosotros.
Volviendo a la pregunta principal: ¿Por qué los primeros judíos cristianos creyeron en la verdadera presencia de Jesús en la eucaristía? Muy simple. Porque no sólo sabían que era la nueva pascua, ni porque sólo sabían que era el nuevo Maná. Ellos comprendieron que era el nuevo pan de la ofrenda, el pan de la presencia, del rostro.

Para Resumir

1- Si bien a veces solemos pensar en el judaísmo y el cristianismo como opuestos, por el contrario, es precisamente la fe judía de los primeros cristianos lo que les permitió creer en la real presencia de Jesús, que de verdad es su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Una vez más, vemos como el judaísmo y el de cristianismo, son una continuidad, una completud.

2- Lo que recibimos en cada Misa es el verdadero y nuevo cordero pascual, y somos llevados en el tiempo a la hora de Cristo, a su pasión, cuando el cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, nos amó hasta el extremo y dio su vida por nosotros. Eso es lo que la Misa es.

3- Del mismo modo que los judíos pueden decir “Porque Dios me liberó a mí de la esclavitud de Egipto”, los católicos también pueden decir: Dios me amó, dio su vida por mi, para poder ser salvado. No sólo de la muerte física, sino de la muerte eterna, de la eterna separación con Dios.

4- La Eucaristía no sólo apunta atrás hacia el calvario, sino que apunta hacia adelante, a la resurrección. No únicamente a la resurrección de Jesús, sino a la nuestra al final de los tiempos.

5- Si la Eucaristía es el nuevo maná, es a la vez una promesa y una muestra del cielo y de la resurrección de los muertos al final de los tiempos. Por eso Jesús dice que quien come de su cuerpo y beba de su sangre tendrá vida eterna. Y lo resucitará el último día. Nosotros no tenemos forma de resucitarnos por nuestra cuenta, para eso necesitamos ser parte del cuerpo resucitado de cristo. La Eucaristía es el nuevo pan de la presencia. Porque Dios está presente ahora. Es Dios con nosotros (Emmanuel), y viene a nosotros a través de la Eucaristía. Escondiéndose tras la apariencia del pan y el vino para poder estar en todo lugar y en todo momento.

Él está aquí con nosotros mientras atravesamos el desierto hacia la tierra prometida celestial. Y ese día, cuando lleguemos a esa nueva tierra prometida, y el nuevo éxodo se haya completado, y hasta el nuevo maná deje de existir, Él ya no estará escondido detrás del velo, detrás de la apariencia de pan y vino, Y nosotros ya no lo veremos, como dice San Pablo, a través de un espejo. Ese día lo conoceremos, lo veremos, como es, cara a cara, “rostro” a “rostro”.

raicestapa

Para descargar Las raíces judías de la Eucaristía

 en PDF
hacer clic, aquí

La entrada Las raíces judías de la Eucaristía se publicó primero en Judia & Catolica.

]]>
https://judiaycatolica.com/las-raices-judias-de-la-eucaristia/feed/ 3
La Cuarta Copa https://judiaycatolica.com/la-cuarta-copa/ https://judiaycatolica.com/la-cuarta-copa/#comments Sat, 03 Jun 2017 22:53:42 +0000 https://judiaycatolica.com/?p=428 Estudiando el tema de las raíces judías de la eucaristía, y los perfectos paralelismos entre Pesaj  (pascua Judía) y la pascua Católica, me encontré con un dato que me pareció fascinante. Es evidente que Dios tiene todo planeado, y su plan es perfecto hasta en las cosas que nos parecen más extrañas. Y cuando puedo […]

La entrada La Cuarta Copa se publicó primero en Judia & Catolica.

]]>

las4copasdepesaj Estudiando el tema de las raíces judías de la eucaristía, y los perfectos paralelismos entre Pesaj  (pascua Judía) y la pascua Católica, me encontré con un dato que me pareció fascinante. Es evidente que Dios tiene todo planeado, y su plan es perfecto hasta en las cosas que nos parecen más extrañas. Y cuando puedo ver un poquito de ese plano y comprender algo de la manera en cómo él obra, me sorprende, me maravilla, me emociona. Este texto lo escribo en base a la conferencia del Dr.Scott Hahn sobre “La Cuarta Copa” y también al capítulo sobre la cuarta copa, del libro de Dr. Brant Pitre, Jesus and the Jewish roots of the Eucharist.

“Todo se ha cumplido” (Jn. 19.30)

¿A qué se refiere Jesús con estas palabras, las últimas pronunciadas antes de morir, de “entregar su espíritu”? En un primer análisis, o según una interpretación clásica, se le atribuye a la redención del hombre. Se ha cumplido, consumado la salvación. Sin embargo, para esto era necesario que Jesús resucitara (Rom. 4.25). La salvación, la justificación, como dice San Pablo, no se consuma con la muerte de Jesús, sino con su resurrección. De este modo podemos afirmar que Jesús no se podría haber referido a eso con la frase “todo se ha cumplido”. Para poder entenderlo hay que ir más atrás, y comprender el contexto en donde esto fue dicho, y sobre todo conocer con más profundidad el judaísmo de Jesús. Y en particular, una singularidad de la celebración de la pascua judía. La pascua Judía, Pesaj, es la festividad más importante del judaísmo, donde se conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Esta libertad fue conseguida gracias a la intervención de Dios. Con la última plaga de las diez, la muerte de los primogénitos, Dios da específicas indicaciones acerca de cómo debían celebrar la pascua los israelitas esa noche. Indica detalladamente los ritos que debían hacer y cómo tenían que comer el cordero pascual. En el capítulo 12 del libro de éxodo están todas las regulaciones y lo que se debía hacer esa noche, cuando finalmente el faraón iba a permitir al pueblo de Israel que se vaya. En este relato no sólo se cuenta la historia, sino que al mismo tiempo se establece la liturgia pascual, que debía ser llevada a cabo por el pueblo hebreo esa misma noche y conmemorarlo todos los años, para siempre. Hoy en día se sigue celebrando cada año esta festividad, y desde sus inicios se le han sumado también tradiciones que son esenciales analizar y conocer para comprender el modo en que se celebraba la pascua en la época de Jesús. La cena de pascua se llama Seder, que significa Orden. Y éste se constituye en torno a 4 copas de vino:

En la víspera de pascua, cuando se avecina el tiempo de Minjá (sacrificio vespertino), nadie debe comer hasta que no anochezca. Incluso el más pobre de Israel no comerá mientras no esté reclinado en la mesa, y no tendrá menos de cuatro copas de vino, aunque sea de los de la olla popular” (Mishná Capítulo 10, Masejet Pesajim)

Tomar las 4 copas de vino era obligatorio para todos, incluso hasta para el más pobre, a quien le resultaba muy difícil poder acceder al vino.

Breve descripción de los rituales de las 4 copas

La primera copa es la que nos introduce a la celebración. Es la copa de la bendición, el Kiddush. La segunda copa, llamada la copa del Juicio o del dolor,  se sirve y da inicio a la liturgia pascual donde se relata la historia de lo que pasó en el éxodo a través de un orden particular, y otros ritos entre el padre de la mesa y el niño menor. Se explican los símbolos de las comidas especiales de este día y se canta el salmo 113. La tercera copa está relacionada con la cena, la comida. El pan sin levadura, las hierbas amargas, y otros alimentos, cuyos símbolos apuntan a rememorar la historia del éxodo. Esta copa es llamada la copa de la redención. (y es, como veremos más adelante, en la que Jesús instituye la Eucaristía en la última cena.) NOTA IMPORTANTE: De acuerdo a la Mishná (tradición oral judía de forma escrita), está prohibido tomar vino entre la tercer y cuarta copa.(Mishná Capítulo 10.7, Pesajim).  Entre éstas, se cantan los salmos del 114 al 118 y al finalizarlos se toma la copa final. La cuarta copa, la copa de la alabanza, da fin a la celebración y completa el rito pascual.

Cuántas copas hubo en la última cena de Jesús?

Los estudiosos de la Biblia analizando la última cena en los evangelios identificaron la presencia de 3 copas.

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios» .Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes. » (Lc. 22.14)

De acuerdo al evangelista Lucas, esta copa fue la que se tomó luego de la comida, “ Después de la cena hizo lo mismo con la copa” (Lc. 22.20),  lo que implica que fue la tercera copa. En el evangelio de Marcos (Mc. 14.24) y en el de Mateo aparece lo mismo y luego cuenta que “Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos”. (Mt. 26, 27-30), indicando una vez más, que no se tomó la copa final. San Pablo en su primera carta a los Corintios hace referencia  a la copa de la bendición, que es la tercera, cuando habla de la copa eucarística de la sangre de Jesús:

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?” (10.12)

Teniendo en cuenta esto podemos ver que no sólo Jesús no tomó la cuarta copa, sabiendo el significado que eso tenía,  sino que aseguró que no volvería a beber del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios. Viéndolo desde el punto de vista judío, Jesús no finalizó la celebración de la Pascua Judía, y por lo que pudimos evaluar, lo hizo intencionalmente.

Por qué Jesús no tomó la cuarta copa en la última cena?

Continuemos el trayecto de esa noche.

Cuando salieron de la cena, del cuarto donde estaban celebrando la pascua, se dirigieron al jardín de Getsemaní donde Jesús “cayó con el rostro en tierra, orando así: «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». (Mt. 26.39)  Y nuevamente… “Se alejó por segunda vez y suplicó: «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad». (Mt. 26.42)  “…Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.” (Mt.26.44)

En el jardín de Getsemaní Jesús reza al Padre tres veces pidiéndole que lo libre del “cáliz”. Es normal asociar esto hoy a la cruz, a la pasión, pero no era algo extraño para ese momento acaso, comparar esto con un cáliz, con una copa? Jesús está hablando sobre la cuarta copa, la copa que lleva a la culminación la liturgia pascual.

Cuándo tomó Jesús la cuarta copa?

En el camino de la pasión “Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo.” (Mt. 27.31) Y luego de ser crucificado nos encontramos al final de todo con esta escena tan conmovedora descripta por el evangelista Juan: “Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.” (Jn. 19.23.30) Retomando la pregunta inicial acerca de a qué se refirió Jesús con : «Todo se ha cumplido» podemos ver que aquí Jesús toma la cuarta copa, y culmina así la celebración pascual, su sacrificio pascual.  Jesús no finalizó la celebración pascual en el cuarto de la última cena, él la extendió para consumarla en la cruz, con su propia muerte, el sacrificio pascual por excelencia. El sacrificio de Jesús no comenzó con la pasión, sino en la cena de Pesaj. Y esta celebración a la vez, no terminó en el cuarto de arriba, sino en el calvario. Jesús une la cena de pascua con su muerte en la cruz y  lleva los sacrificios pascuales de la Torá a su plenitud.

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.” (Mt.5.17)

 

Reflexión personal

Es hermoso ir descubriendo como Jesús fue dejando huellas en su vida que sólo pueden ser descubiertas analizando las raíces judías, su propia identidad. Meditando este tema de las cuatro copas, pienso que de algún modo Jesús se nos ofrece él mismo como la cuarta copa. Por eso al “traspasarlo” brotan de su interior sangre y agua, del mismo modo que las copas de vino del Seder de Pesaj eran diluidas con un poco de agua. Jesús se brinda tomando la cuarta copa en la cruz, y a la vez se hace para nosotros ese cáliz. Para que podamos beber de él,  ya no una vez al año en la pascua, sino todos los días. Recordando y dando gracias por el nuevo éxodo, la nueva liberación, la “nueva alianza”. Saboreando este nuevo maná, llevado a la plenitud, mediante el cual “jamás volveremos a tener sed”. la-cuarta-copaSi quieres descargar este texto en un pdf para imprimir, leer y compartir, puedes hacerlo desde aquíLACUARTA COPA   Bibliografía: .Conferencia del Dr. Scott Hahn «The Fourth Cup” .Jesus and the Jewish roots of the EucharistDr. Brant Pitre

La entrada La Cuarta Copa se publicó primero en Judia & Catolica.

]]>
https://judiaycatolica.com/la-cuarta-copa/feed/ 11